Disfunciones en el Varón

disfunciones en el varon

El varón vive muy preocupado por muchas cosas en relación a la sexualidad, o mejor dicho, con respecto a su pene. Ya sea un problema eréctil o una eyaculación rápida, el varón con una disfunción (mal funcionamiento) sexual suele sufrir una angustia permanente: el miedo de ir a la cama, y volver a fallar hace que eviten todo contacto sexual por meses y a veces años.

La función sexual tiene, sin duda, un importante papel en el desarrollo y la convivencia de una pareja, en su comunicación, autoestima e intimidad, pero esto no equivale a decir que el varón ¨debe¨ tener siempre una buena erección o un buen control eyaculatorio. La función sexual, sobre todo en varones es sensible, vulnerable.

Disfunción eréctil

Muchos varones piensan que la felicidad de la pareja depende de su capacidad eréctil; la mayoría, se avergüenzan de una falla ocasional, de cualquier causa; e inclusive sienten que no valen nada, no son hombres, o que ya son ¨viejos¨, desechables. La erección puede afectarse por causas psicológicas (ansiedad, depresión, estrés, inhibición) u orgánicas (arteriosclerosis, diabetes, trastornos hormonales, problemas venosos, lesiones traumáticas peneanas, abuso de drogas, algunos medicamentos, etc).

Carla Bártoli. Dibujo sobre papel

El sildenafil revolucionó el tratamiento de la disfunción eréctil. Su uso es muy frecuente, pero, como toda medicación, tiene sus indicaciones y sus contraindicaciones. No puede ser usado por pacientes que padecen angina de pecho (medicados con nitritos). Fuera de esta enfermedad, el medicamento prácticamente no tiene contraindicaciones. Esta medicación no actúa si no hay excitación sexual; por esto, el sildenafil no es un afrodisíaco y no actúa sino hay deseo y estimulación sexual, así que las caricias y los besos ¨a gusto del consumidor¨ también forman parte del tratamiento

Eyaculación precoz


Una segunda disfunción, la eyaculación precoz, que de hecho es la disfunción más frecuente (casi todos los hombres han eyaculado precozmente en algún momento), suele perturbar la vida sexual. Los pacientes que consultan no tienen control voluntario sobre el reflejo de eyaculación y son dominados por el impulso eyaculatorio. Estos hombres eyaculan apenas segundos después de la penetración. La mayoría de sus compañeras, solo alcanzan el orgasmo, entre tres y diez minutos luego de la penetración, por lo tanto muchas veces no llegan al mismo. Y estos varones, aunque sin problemas de erección, se sienten ¨impotentes¨ al no poder dar placer a su pareja (de hecho, la eyaculación precoz puede evolucionar hacia la disfunción eréctil).

Las causas orgánicas de la eyaculación precoz son muy raras; los jóvenes que consultan tienen el problema desde el inicio de su vida sexual (eyaculación precoz primaria): la mayoría simplemente aprendieron a eyacular en un contexto de ansiedad y miedo a ser descubiertos, ya sea en su masturbación o en la relación sexual practicada en el asiento trasero del coche o en el sofá del living.

Aunque el problema de la eyaculación es en general psicógeno, esto no equivale a decir que se cura con tratamiento psicológico prolongado. El tratamiento científicamente comprobado y exitoso tiene tres ¨patas¨: en primer lugar, un aumento de la frecuencia eyaculatoria (masturbación y coito), para mantener bajos los niveles de líquidos seminales (si pasan muchos dias sin eyacular, la acumulación de líquidos hace que sea mucho más difícil controlar la eyaculación). En segundo lugar, una serie de ejercicios específicos, que permiten entrenar los músculos de la pelvis y hacer conscientes las sensaciones de excitación. Estos ejercicios rehabilitantes exigen tiempo y paciencia, son una reeducación del varón, quien aprenderá en semanas a meses a tolerar niveles crecientes de excitación sin eyacular, o mejor dicho, eyaculando cuando el quiera. En tercer lugar, la ingesta de la medicación específica que disminuye los líquidos a nivel genital. No existe control eyaculatorio sólo con el medicamento, y de hecho ninguna medida es por si sola efectiva, pero sí lo son cuando se realizan en conjunto.

Deseo sexual hipoactivo

Una tercera disfunción, que se da tanto en el varón como en la mujer, es la falta o disminución de deseo sexual. Este deseo sexual hipoactivo es culturalmente aceptado en la mujer, y el varón suele ¨resignarse¨ a tener una menor frecuencia de relaciones. Pero la situación inversa es también frecuente, y entonces es ella la que tiene que buscar la relación… y exponerse a un rechazo. La mujer puede reaccionar de diferentes maneras: algunas quieren separarse, otras buscan un amante, un tercer grupo ¨se resigna¨ a la baja frecuencia de relaciones, y otras afrontan la situación, no desde el ¨reclamo¨, sino desde el hacer que el varón tome conciencia de su bajo deseo y su desinterés: éste es el camino más duro, que no tiene garantías, pero es el único que puede cambiar, eventualmente, la situación de la pareja. Es en esta última instancia donde los varones son ¨arrastrados¨ al consultorio por sus mujeres, y allí ellas manifiestan su angustia y confusión, que están cansadas de reclamar y buscar, y que creen que su pareja tiene otra mujer o es homosexual.
Al trabajar en la consulta con  las personas afectadas por un descenso o ausencia de su deseo sexual, se ve que existen distintos ¨perfiles¨ de pacientes:

  • Los que nunca han sido muy ¨sexuales¨: han tenido largos períodos de abstinencia y soledad.
  • Los ¨fóbicos¨ que han tenido una formación familiar o religiosa muy represiva o han padecido una experiencia traumática: creen que el sexo es algo sucio por lo que lo evitan, y cuando aceptan las relaciones sexuales estas son rápidas y mecánicas, sin placer.
  • Los que han tenido buenas relaciones sexuales previamente a un conflicto con la pareja: aquí la falta de deseo revela la profundidad del conflicto.
  • Los que han sido sometidos por la pareja: la falta de deseo revela el rencor acumulado.
  • Los que sufren de depresión: la falta de deseo se asocia a la falta de disfrute en otros ámbitos.
  • Los adictos al trabajo, que dejan todo por progresar en su carrera.
  • Los que han encontrado otro destinatari@ de su deseo.
  • Los que no desean por frustración, por desatención o por no sentirse queridos: recuerdan una historia de amor y erotismo que se fue desvaneciendo.
  • Los varones que han padecido disfunciones sexuales, ya sea disfunción eréctil o eyaculación precoz: el bajo deseo sexual es un mecanismo defensivo para ¨protegerse¨ de futuras fallas.
  • Los varones con andropausia, con disminución de hormonas.

Todos sienten que la relación sexual es una exigencia que ¨cumplen¨ a para evitar males mayores o enfrentamientos. Cuando hay un bajo deseo, lo peor que se puede hacer es presionar o recriminar: esto sólo genera mayor resistencia y dolor. Hay que comprender que esta falta de deseo es una expresión inconsciente de los conflictos personales o de la relación. No hay que atribuir esta carencia a una falta de hormonas, ni creer en remedios mágicos. Como dice el refrán “donde fuego hubo cenizas quedan” y aunque es difícil, con ayuda profesional y paciencia es posible lograrlo.

En resumen

Sea cual sea la disfunción, hay que considerar que una falla no es un problema: es el signo de que ese varón, aparte de portar un pene, es un ser humano, o sea un hombre. Puede estar cansado, o no tener ganas, o estar estresado. Cuando las fallas se repiten, recién ahí estamos ante una disfunción, y cuanto antes se haga la consulta a un profesional idóneo, mejor. Los varones en general no creen que sus problemas puedan ser causados por estrés o depresión (todas ellas causas muy frecuentes de disfunción), sino que quieren tener una enfermedad orgánica y ¨que se arregle la máquina¨, y esto lo aprovechan algunos inescrupulosos que efectúan análisis o cirugías inútiles y prometen resultados mágicos. Los tratamientos científicos, en cambio, son accesibles y efectivos pero requieren tiempo y dedicación, no hay ¨magia¨.

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Dra. Maria Edith Martín
Consultas: (011) 15-54889308 Formación en Sexología Clínica y en Terapia Sexual Cognitivo Comportamental en la Cátedra Libre de Sexología de la U.B.A., con certificación de la Academia Internacional de Sexologia Médica (AISM)
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