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La falta de deseo, el principal problema sexual de la mujer

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Edith

La industria farmacéutica está testeando una pastilla para aumentar y mejorar las relaciones.Desde que apareció la píldora azul para solucionar el problema de erección de muchos hombres, la industria farmacéutica y los médicos buscan el equivalente para combatir el principal problema sexual de la mujer: la falta de deseo. Los "viagras" femeninos, por ahora, son productos que provocan rubor genital revascularizando la zona a base de evitar el retorno venoso o vasodilatando con ayuda del mentol. Pero en la mujer el problema no está en la cantidad de sangre que circule por sus genitales. Está sobre todo en el deseo. O en su ausencia.

Mientras se espera la aprobación de la flibanserina, el medicamento que resulta más prometedor en sus resultados para mejorar ese deseo sexual hipoactivo, los sexólogos y los ginecólogos intentan acotar el problema. "El deseo es un cajón de sastre", reconoce Mónica González, ginecóloga del servicio de Andrología de la Fundació Puigvert de Barcelona. "Pero está en el centro de la respuesta sexual femenina", aclara Santiago Palacios, director del Instituto Palacios de Salud y Medicina de la Mujer.

Al principio se pensaba que la respuesta sexual en la mujer era lineal, como la del hombre: excitación, orgasmo y período refractario. Desde hace unos años se ha impuesto la teoría Basson, que lo describe como un modelo circular en cuyo centro está el deseo. "De él penden la propia excitación y el orgasmo, aunque lo que desencadene el deseo sea una estimulación física directa, un gesto, un aroma. Es una respuesta más difícil y compleja", dice el ginecólogo.

Palacios calcula que hasta el 27,6% de las europeas de entre 40 y 80 años experimenta falta de interés sexual. Y es un problema no muy bien diagnosticado porque los médicos no suelen preguntar a sus pacientes y a muchas de esas presuntas pacientes no les preocupa. "Y si no preocupa, no hay trastorno", dice Palacios.

"Me trajo él", confiesa la mayoría de mujeres que pasan por el consultorio de la ginecóloga González. "Rara vez llegan por propia iniciativa, aunque algunas se muestran con ganas de conseguirlo", explica. Sus pacientes suelen ser las parejas de hombres con algún problema (frecuentemente disfunción eréctil) que encontró la solución y ahora quieren mejorar su vida sexual. Pero a muchas no les suponía problema alguno la situación anterior.

"La testosterona, que interviene también en el deseo, baja radicalmente con la edad. A los 40 años se segrega la mitad que a los 20 y a los 60, una sexta parte", aclara González. Por eso, los parches de testosterona fueron un boom cuando hace dos o tres años empezaron a usarse para combatir el deseo hipoactivo. En Estados Unidos no se utilizan porque se considera que pueden dar problemas de seguridad a largo plazo, pero en España están autorizados y tuvieron éxito "relativo", matiza la ginecóloga de la Puigvert. "No es una panacea. Como tampoco lo es el Viagra para hombres. Porque a veces lo que no funciona es la relación. No sólo es cuestión de ganas y mecanismos de respuesta, sino que implica sentimientos, emociones, conflictos".

La nueva medicación que está a la espera de aprobación y cualquier otra sustancia que se emplee aspira a aumentar las relaciones y la satisfacción por ellas. Durante el congreso de la Sociedad Europea de Medicina Sexual que se celebró en Francia en noviembre, se mostraron los últimos resultados de los ensayos con la flibanserina, un compuesto pensado para combatir la depresión y para lo que obtuvo pésimos resultados, pero que en cambio mostró en los animales de laboratorio un aumento de la libido. Este medicamento, que aún no se comercializa, reduce la serotonina y aumenta la dopamina, lo que, desde el punto de vista de los neurotransmisores involucrados en el complejo mundo del deseo, predispone a una mayor receptividad y provoca un estado más sensible a lo que ocurre alrededor.

En los ensayos, en los que participaron 1.946 mujeres premenopáusicas mayores de 18 años, se mostró un aumento de las relaciones sexuales: 4,5 "eventos satisfactorios" en la evaluación final contra 3,7 del placebo con el que se lo comparó, según datos de la farmacéutica que lo desarrolla, Boehringer Ingelheim. Y también disminuyó la preocupación. Ahora se está terminando el ensayo en mujeres menopáusicas.

"Pero hay aún mucho por ver -subraya el doctor Palacios-. Habrá que estudiar muchos subgrupos: las mujeres que toman anticonceptivos, a las que les disminuye el deseo porque estos medicamentos impiden el pico de estrógenos y andrógenos relacionados con el deseo, y las fumadoras, que tienen menos estrógenos".

De momento, se constató que este "Viagra femenino" surte efecto al cabo de un par de semanas tomando una dosis al día antes de acostarse. Los resultados, a pesar de partir de muestras muy similares, no son del todo parejos entre mujeres norteamericanas y europeas. "Las estadounidenses son más exigentes con sus resultados sexuales. En Europa cuesta reconocer que se tiene un problema", explica Mónica González.

"Estamos dando un paso de gigante -concluye Santiago Palacios-. De no tener ningún fármaco para mejorar los problemas de la sexualidad, ahora se habla del asunto y empezamos a encontrar soluciones diversas a problemas que sabemos son más complejos". Y agrega: "Esta píldora rosa no es la solución, pero es muy esperanzadora e invita a seguir profundizando".

 Fuente: Clarín, 22/03/2010


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Edith

El problema del deseo

Si hay un ¨factor¨ difícil de cuantificar en sexualidad humana, éste es el deseo. ¿Es que acaso hay una ¨medida de deseo¨? ¿Le ¨tomo el tiempo¨, ¨lo peso¨, le ¨tomo la temperatura¨? Intentar decir que hay una ¨cantidad óptima¨ de deseo es casi un imposible, y por lo tanto, intentar solucionar problemas de deseo con una pastilla es una ingenuidad.

Hagamos un recorrido antropológico por el deseo…. Partamos del presente que podemos constatar a diario: no todos tenemos el mismo deseo. De hecho, tanto en la consulta sexológica como en la charla de café lo que escuchamos es que para un miembro de una pareja dada el numero de encuentros sexuales es siempre poco, mientras que el otro miembro se siente siempre ¨presionado¨ a tener más relaciones sexuales de lo que desea… Tradicionalmente se ¨dice¨ que el varón ¨quiere¨ más que la mujer, pero en la consulta se observan las dos situaciones, tanto un mayor deseo del varón como un mayor deseo de la mujer. Estas diferencias, ¨desfasajes¨ del deseo también se observan en las parejas homosexuales, y es lógico, porque el deseo varía de persona a persona, por un lado, y también en la misma persona a través del tiempo y de las distintas situaciones.

Todos tenemos algún/alguna amig@ que cuenta que desea tener relaciones ¨todos los días¨, y a nosotros nos parece demasiado, y también todos tenemos algún/alguna amig@ que está conforme con tener relaciones esporádicamente, y que a nosotros nos parecen ¨demasiado poco¨. Y lo que nos confunde aún más es que ni las relaciones diarias garantizan la felicidad, ni las escasas llevan necesariamente a la pena.

Así que no hay un número ¨normal¨ de relaciones sexuales, o una cantidad ¨normal¨ de deseo. La ¨normalidad¨ del deseo es un concepto supuesto… y por sobre todo ¨impuesto¨ socialmente. Hace cien años atrás la imposición social sobre la mujer era que no deseara sexualmente, que fuera una mujer-madre. Lo deseable era la ausencia de deseo. Hoy la sociedad de consumo nos ¨impone¨ desear, para poder vender. ¿Qué sería de los vendedores sin nuestro deseo? Nos venden celulares, LCD, LED, computadoras, perfumes, autos, y también y por sobre todo, sexo. El deseo es el motor de esta sociedad, y el mecanismo de deseo-adquisición-satisfacción ¨inmediata¨-desilusión-nuevo deseo (para adquirir nuevos bienes) está bien aceitado. ¿Por qué habría de escapar la sexualidad a este mecanismo? Nosotros creemos que somos libres al desear, pero pensemos por un momento si realmente nos permitimos desear lo ¨que nos surja¨ o si deseamos lo que el mercado nos vende como objeto de deseo…. Pensemos en el constante bombardeo de los medios de comunicación para tener ¨el cuerpo de sus sueños¨… y nos daremos cuenta que nuestro deseo… pocas veces es NUESTRO. 

Por otro lado, deseamos al Otro (Otro en sentido psicológico: otro Yo, otro sujeto) cuando no lo conocemos, y los primeros encuentros nos satisfacen y nos dejan ganas de seguir profundizando en el conocimiento de su Persona. El problema radica es que a medida que lo vamos conociendo, también nos vamos desilusionando… un poco porque conocemos sus puntos ¨débiles¨ y otro poco porque por el mismo hecho de conocerlo, ya no tenemos la curiosidad como motor del encuentro… Es una aporía: una contradicción sin solución: deseamos porque no conocemos, esto nos lleva a conocer, y cuando conocemos dejamos de desear.

Pretender entonces ¨curar¨ problemas del deseo con una pastilla… es realmente ingenuo. Es no comprender

que cada ser humano tiene su propia ¨medida¨ de deseo;

que el deseo tiene una mecánica en ese ser humano, que se ¨agota¨ con la ¨total¨satisfacción, y que es necesaria cierta¨insatisfacción¨ para seguir deseando;

que cada pareja tiene una dinámica de deseo propia;

que la vida pone obstáculos al deseo con las exigencias laborales, el stress, los hijos, etc;

que el bajo deseo puede ser síntoma de una depresión;

que las enfermedades orgánicas (y no necesariamente graves) pueden afectar el deseo, y la medida en que lo hacen depende de cada persona en particular. 

¿Es posible mejorar el deseo?

Siempre se puede mejorar, pero para poder hacerlo se debe hacer un buen diagnóstico y desarrollar un plan de trabajo de acuerdo a cada persona/pareja en particular. Hay parejas que requieren una mínima intervención, una guía que los ayude a descubrir en el Otro aspectos ¨desconocidos¨ que vuelvan a encender el motor del deseo; y hay otras parejas que requieren un tratamiento mas extenso y profundo. La consulta a un profesional idóneo es fundamental para orientar este tratamiento.


Carlos Escobar

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Dra. Maria Edith Martín
Consultas: (011) 15-54889308 Formación en Sexología Clínica y en Terapia Sexual Cognitivo Comportamental en la Cátedra Libre de Sexología de la U.B.A., con certificación de la Academia Internacional de Sexologia Médica (AISM)
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