Diversidad Sexual

Niñez Trans: entrevista radial

 

Diversidad sexual: Una sexualidad, la Humana, con múltiples expresiones

La clave para apreciar la diversidad sexual es reconocer que existen distintas formas de vivir la sexualidad, que ninguna variante es moralmente superior a otra, y que por tanto son (o debieran ser) iguales en derechos.

Desde el principio de la Historia, los seres humanos nos hemos sentido sexualmente atraídos tanto hacia personas del sexo contrario como del mismo sexo. Y siempre ha habido personas que no ¨encajan¨ en las conductas esperadas para su género, que se sienten, se visten y actúan como personas del sexo contrario. Muchas culturas no sólo toleraron estas conductas ¨no heterosexuales¨ de orientación sexual y de identidad de género,  sino que las consideraban normales, y hasta necesarias para el desarrollo de sus jóvenes (por ejemplo, el adolescente griego que era iniciado por su tutor) o para la sociedad (por ejemplo, sacerdotes sagrados de ¨tercer género¨ en aborígenes americanos, en la India o en Filipinas).

La cultura judeocristiana, sin embargo, sancionó estas conductas como ¨malignas¨, ¨pecaminosas¨ o por lo menos ¨enfermas¨. Recién en 1973 se estableció que “la homosexualidad, de por sí, no implica ningún impedimento en el juicio, la estabilidad, la confiabilidad ni las capacidades sociales y vocacionales en general. Es más, urgimos a los profesionales de la salud mental a que tomen la delantera en eliminar el estigma de enfermedad mental que usualmente se asocia con la orientación homosexual. Más aún, apoyamos y urgimos que se rescinda toda legislación que penalice el acto homosexual entre adultos que lo consientan, en privado” (Resolución de la Junta Directiva de la Asociación Psiquiátrica Americana, ratificada por la Asociación Americana de Psicología dos años después).

La expresión de la sexualidad implica un aspecto relacional, la orientación u atracción sexual, y un aspecto intrapersonal, la identidad de género. Además, hay personas que nacen intersexuales,  que son un desafío para nuestra cultura ¨de dos sexos¨.

La orientación sexual

Es la atracción emocional permanente a otra persona, sea ésta amorosa, sexual o afectiva. Puede ser de carácter homosexual, bisexual o heterosexual, según la persona se sienta atraída hacia personas del mismo sexo, del sexo contrario o hacia mujeres y varones. Inclusive hay grupos que plantean una cuarta orientación, la asexual, en el sentido de que no sienten atracción sexual hacia otros/as.

Se debe distinguir la conducta sexual de la atracción, pues las personas podrían, o no, expresar su orientación sexual en sus conductas: es muy frecuente que personas homosexuales mantengan relaciones heterosexuales cuando están en una sociedad que sólo acepta la conducta heterosexual. Y en culturas donde se criminaliza la homosexualidad (incluso con pena de muerte) la conducta homosexual es, como es de esperar, prácticamente inexistente.

La orientación sexual es un continuo que fluctúa desde la homosexualidad exclusiva hasta la heterosexualidad exclusiva, e incluye diferentes formas intermedias. Las personas bisexuales pueden experimentar atracción amorosa, sexual y afectiva tanto hacia personas de su propio sexo como del opuesto. Las personas de orientación homosexual son llamadas “gays”, tanto los varones como las mujeres, o “lesbianas”, cuando se trata de las mujeres solamente.  Y es más flexible que la identidad de género, sobre todo en mujeres: una lesbiana puede sentirse atraída por un varón en determinado momento de su vida, o una mujer heterosexual sentirse atraída por otra mujer.

Entonces, para hablar de homosexualidad, la atracción por miembros del mismo sexo debe ser persistente. Hablamos de atracción porque la orientación sexual NO es sinónimo de actividad o conducta sexual. Existen muchos heterosexuales que se angustian porque en algún momento de su vida han experimentado fantasías, sueños, atracción o incluso contacto sexual con personas de su mismo sexo. Esto es relativamente frecuente en la adolescencia, cuando los jóvenes pueden participar en una variedad de conductas sexuales y no es indicativo de la homosexualidad del individuo. Kinsey reportó, en sus estudios en adultos entre 1930 y 1940, que 37% de los varones y 13% de las mujeres tuvieron al menos 1 experiencia homosexual, mientras que sólo el 4% de los varones y  2% de las mujeres eran homosexuales. Estudios norteamericanos más recientes concluyen que alrededor del 3 al 10% de la población adulta es homosexual (hay que destacar que estas estadísticas son orientativas dado el estigma y temor que suscita la homosexualidad).

Es también frecuente que adultos homosexuales hayan tenido actividad heterosexual durante la adolescencia. Además, hay adultos homo o bisexuales que autodenominaban así desde la adolescencia. Por último, hay adolescentes que se identifican como homosexuales sin haber tenido relaciones sexuales. Cabe recordar, también, que la confusión sobre la orientación sexual no es inusual en la época de la adolescencia… por lo tanto es difícil intentar clasificar a un adolescente, pero lo que no podemos dejar de hacer es contenerlos y acompañarlos.

 

¿Cuál es la causa de la orientación sexual?

Hay numerosas teorías acerca del origen de la orientación sexual de una persona. La mayoría de los científicos está de acuerdo en que resultaría de la interacción de varios tipos de factores: medio-ambientales, psico-cognoscitivos y biológicos. Es importante comprender y admitir que, al menos hasta donde hoy se conoce, hay muchas razones para explicar la orientación sexual de una persona y que estas razones serían diferentes para diferentes personas. La orientación sexual de la mayor parte de las personas queda configurada en su temprana edad, aunque puede haber experimentación homosexual durante la adolescencia en una persona que es mayoritariamente heterosexual.

¿Se elige la orientación sexual?

No. Los seres humanos no pueden elegir entre la homosexualidad, bisexualidad o la heterosexualidad. En la mayoría de las personas, la orientación sexual irrumpe en la temprana adolescencia sin que haya, general o necesariamente, ninguna experiencia sexual previa.

 

¿Puede la terapia modificar la orientación sexual?

No. Pese al hecho que muchas personas homosexuales o bisexuales tengan vidas exitosas y felices, otras personas homosexuales o bisexuales procuran cambiar su orientación sexual mediante la terapia. Son presionados, a menudo, por la familia o grupos religiosos. Además, las llamadas terapias de conversión son aplicadas por organizaciones con una perspectiva ideológica que condena a la homosexualidad y están pobremente documentadas. Tampoco el resultado del tratamiento es seguido e informado durante el transcurso de su aplicación como sería la norma para probar el valor de cualquier intervención en salud mental. La Asociación Americana de Psicología expresa preocupación acerca de tales terapias y el daño que infligirían a sus pacientes. Se opone a las posturas homofóbicas en el tratamiento y afirma el derecho del paciente a un tratamiento imparcial y a la autodeterminación. Toda persona que recurra a la terapia psicológica para elaborar los aspectos emergentes de la orientación sexual tiene el derecho de aguardar que tal terapia tendrá lugar en un medio profesional neutro preservado de todo prejuicio social.

La realidad es que la homosexualidad no es una enfermedad y por tanto no requiere tratamiento per se; las personas homosexuales o bisexuales pueden recurrir al profesional durante el proceso de asumir su propia orientación sexual diferente y también para buscar estrategias para enfrentar el prejuicio. La homosexualidad en sí no es el problema, sino la discriminación, el tener fingir que no se es homosexual: eso sí puede costar mucho en términos de amor propio, y hasta puede causar serios daños psicológicos. Pero en general las personas gay, lesbianas o bisexuales recurren a la terapia por los mismos temas que las personas heterosexuales.

 

¿Pueden ser buenos padres y buenas madres?

Sí. Estudios comparativos de niñas y niños educados por madres y padres heterosexuales u homosexuales no encuentran diferencias en el desarrollo de las cuatro áreas de importancia crítica: la inteligencia, el equilibrio psicológico, la adaptación social y la popularidad con las personas amigas. Es importante puntualizar, además, que la orientación sexual de la madre o el padre no imponen la de las hijas o hijos.

Otro mito acerca de la homosexualidad es la errónea creencia que los varones gay tienden a abusar sexualmente de los niños. No hay prueba que las personas homosexuales estén más inclinadas que las heterosexuales al abuso sexual de niñas y niños.

 

¿Por qué las personas homosexuales o bisexuales hacen pública su orientación?

Porque compartir este aspecto de sí mismos (as) con otras personas importa y ayuda a su salud mental y emocional. De hecho, el proceso de desarrollo de la identidad y de la revelación de la orientación sexual de las personas lesbianas, gay y bisexuales, el hecho de asumirse y darse a conocer, coming out of the closet en inglés, está íntimamente vinculado al equilibrio psicológico. Cuanto más positiva sea la identidad de la persona gay, lesbiana o bisexual, mejor será su salud mental y mayor su autoestima.

 

¿Por qué es tan difícil revelar la orientación sexual?

A menudo las personas lesbianas, gays y bisexuales sienten temor, o se sienten diferentes y solas cuando advierten que su orientación sexual es distinta de la que es la norma para la comunidad. Esto es especialmente verdadero para las personas que se dan cuenta de su orientación durante la niñez o adolescencia, porque en esta etapa de la vida las personas son particularmente vulnerables a los prejuicios y estereotipos. También, dependiendo de la sociedad en que vivan, pueden temer el rechazo de la familia, las amistades personales y/o instituciones religiosas, o el hostigamiento en la institución escolar. Algunas personas homosexuales adultos se preocupan por la pérdida de sus empleos de conocerse su orientación sexual.

Desdichadamente, las personas homosexuales y bisexuales corren mayor riesgo de sufrir agresiones que las personas heterosexuales. Las investigaciones hechas en el estado de California, a mediados de la década de 1990, mostraron que casi un quinto de las lesbianas y más de un cuarto de los gay, habían sido agredidos a causa de su orientación sexual. En otra investigación en el mismo estado de California, sobre 500 adultos jóvenes, la mitad admitió que había sufrido alguna forma de agresión anti-gay, desde abuso verbal a violencia física.

 

¿Qué puede hacerse para superar la homofobia?

Las investigaciones muestran que las personas que tienen actitudes positivas para con las personas homosexuales y bisexuales son aquellas que conocen alguna persona homosexual, de quien son amigo/a o compañero/a de trabajo. Por esa razón, los profesionales de la psicología creen que las actitudes homofóbicas, son prejuicios carentes de fundamento en experiencias reales pues están basados en estereotipos.

Una educación generalizada sobre la orientación sexual y la homosexualidad tendería a disipar el prejuicio. La información precisa sobre la homosexualidad es doblemente importante para las personas jóvenes quienes están descubriendo y procurando comprender su sexualidad, sea homosexual, bisexual o heterosexual. Los temores a que tal información provoque un aumento de la población homosexual, carecen de validez. La información acerca de la homosexualidad no convierte a nadie en homosexual o heterosexual.

 

Además, proteger de la violencia y la discriminación a una minoría es muy importante en sí mismo. A cualquier minoría. Por eso, algunos Estados incluyen la agresión contra las personas por su orientación sexual como crímenes de odio. Muchos Estados en los Estados Unidos y Europa, cada vez más, tienen leyes que prohíben la discriminación por la orientación sexual.

 

 

Mitos sobre homosexualidad

 

Mito: ¨La homosexualidad es un pecado¨

Hecho: La Biblia contiene seis pasajes que condenan el comportamiento homosexual, pero también contiene numerosos pasajes que condenan otras conductas, inclusive el comportamiento heterosexual: el adulterio, el incesto, y también ponerse ropa hecha de más de un tipo de fibra, y comer crustáceos como el camarón y la langosta. Una cosa es cierta: Jesús no dijo absolutamente nada acerca de la homosexualidad.

La religión con frecuencia ha sido mal utilizada para justificar el odio y la opresión. Hace menos de medio siglo, los bautistas en los Estados Unidos defendían la segregación racial basándose en que estaba permitida en la Biblia. Los primeros cristianos no eran hostiles hacia los homosexuales. La intolerancia empezó sólo después del siglo XII.

Hoy, mucha gente ya no cree que la homosexualidad sea una enfermedad o un pecado. Pocos condenarían la heterosexualidad como inmoral, a pesar de la alta incidencia de violaciones, incesto, abuso de niños, adulterio, violencia familiar, promiscuidad e infecciones de transmisión genital entre los heterosexuales.

Muchas voces dentro de las distintas religiones e iglesias apoyan los derechos civiles para los gays y las lesbianas al igual que para los heterosexuales.

 

Mito: ¨A los niños no les afecta la homofobia¨

Hecho: Las estadísticas indican que la incidencia del abuso de drogas y el suicidio es mucho más alta entre la juventud gay y lesbiana, consecuencias de la depresión a la que llevan la opresión social y el miedo al rechazo. Estos jóvenes pueden experimentar un aislamiento profundo y miedo de ser ¨descubiertos¨, lo interfiere con la adquisición de las pautas madurativas propias de la adolescencia: la autoestima, la identidad y la intimidad. Al ser descubiertos, tienen mayor riesgo de deserción escolar, de ser echados de sus casas y de prostituirse para poder sobrevivir. También es más probable que hayan tenido relaciones sexuales, con múltiples compañeros, y que hayan sufrido violaciones, todo esto colocándolos en mayor riesgo para infecciones de transmisión genital, incluido el VIH. Cuando, en una sociedad conservadora, casi todos los grupos tradicionales de apoyo al joven (la familia, la iglesia, las escuelas) condenan o niegan la existencia de esa juventud gay y lesbiana, muchos de estos jóvenes se convertirán en víctimas de la sociedad homofóbica.

 

Mito: ¨Uno mismo escoge ser homosexual o heterosexual¨

Hechos: Cuando nos enamoramos de alguien, bien sea del mismo sexo o del opuesto, es por una combinación de muchos factores… pero nadie ¨elige¨ de quien se enamora. Con la orientación sexual ocurre lo mismo: no es una decisión sino un impulso natural. Si usted es heterosexual, ¿recuerda haberlo escogido? Tratar de cambiar este impulso natural es imposible. Lo que podemos elegir es cómo vamos a tratarnos los unos a los otros.

El odio hacia los gays y las lesbianas es obra de humanos, no de Dios. Como casi cualquier otro grupo, la mayoría de las mujeres y hombres gay son gente buena, interesados en el futuro de su nación y del mundo. No piden favores especiales; simplemente el respeto y los derechos que todos debemos disfrutar, sin miedo a los ataques verbales o físicos.

 

Mito: ¨Las causas de la homosexualidad son los problemas familiares¨

Hechos: No hay una “causa” para la homosexualidad o la heterosexualidad. Los gays igual que los heterosexuales vienen de todos los tipos de familia.

 

Mito: ¨Los homosexuales no contribuyen en nada a la sociedad¨

Hechos: Las personas homosexuales y bisexuales han hecho innumerables contribuciones a la sociedad: Alejandro Magno, Platón, Julio César, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Federico García Lorca, Walt Wilthman, Oscar Wilde, Tchaikovski, Martina Navrativlova, Pedro Almodóvar, Elton John, K. D. Lang, Truman Capote. Hoy, mucha gente influyente y bien conocida es gay, lesbiana o bisexual. Pero la gran mayoría esconden su vida privada, (como hizo el actor Rock Hudson).

 

Conclusión

La homofobia es un prejuicio como cualquier otro, y tan injusto como cualquier agravio que propicie la marginación; y necesita de la ignorancia para promover el temor y el odio hacia los homosexuales. Como individuos, y como sociedad todos resultamos disminuidos cuando alguien ejerce violencia sobre otro.

 

 

La identidad de género

Es el ¨sentirse¨ varón o mujer. En general coincide con el sexo biológico, pero puede ocurrir que la persona se identifique con el sexo opuesto, es decir que sienta que nació con ¨el cuerpo equivocado¨. O con ambos géneros. O que no se identifique con ninguno, Esta identificación es permanente en el tiempo y precoz en su aparición, porque en la primera infancia, tan pronto comienza a hablar, la persona manifiesta querer ser o directamente ser del género al que no fue asignada al nacer. También tiene expresiones que son más habituales y esperadas en el género opuesto (para esa cultura, en ese momento) . Estos individuos se engloban en un ¨espectro¨ transgénero; aunque todos adecuan su imagen corporal a su identificación psíquica, esta adecuación tiene distintos grados, por ejemplo, los/las que se conocen como transexuales requieren algunas o varias intervenciones médicas (hormonas del género autopercibido) y quirúrgicas (feminización / masculinización del rostro, mastectomía, cirugía genital) para sentirse a gusto, mientras otras personas transgénero, no.

Dado que el o la dueñx de la identidad es la persona, una mujer trans es quien se autopercibe como mujer (es decir, que habiendo nacido como varón se identifica como mujer), y un varón trans es quien se siente varón (que nacido como mujer, se identifica como varón), sin importar que haya o no hecho intervenciones sobre su cuerpo, ni tampoco con qué ropa se vista o cómo se peine.

La causa de la transexualidad es multifactorial, como también es la de la cisexualidad. Una persona cis es aquella que asume el género que le fue asignado al nacer.

El cerebro de los mamíferos (y el de los seres humanos también) muestra un dimorfismo sexual, es decir, que ciertas estructuras tienen distintas morfologías según el sexo. La conducta de los animales es también sexualmente dismórfica, tanto el comportamiento sexual (ritual y posiciones de apareamiento) como no sexual (agresión /defensa del territorio en el macho versus cuidado de la cría en la hembra). Se ha observado en la naturaleza que leonas (hembras) han adquirido melena y tienen conductas características del macho, inclusive se aparean con hembras. En el laboratorio se ha comprobado en ratas hembras que la exposición a andrógenos (hormonas sexuales masculinas) durante el embarazo o en el período inmediatamente posterior lleva a una organización masculina del cerebro, con conductas sexuales masculinas. Esta situación también podría ocurrir en los seres humanos.

El estudio del cerebro de mujeres y varones natales, ¨biológicos¨ muestran diferencias entre sí (en el grosor de la corteza, en la sustancia blanca, en distintos núcleos del hipotálamo, en las conexiones) diferencias que se generaron intraútero bajo la influencia de las hormonas sexuales…  y  que continua en la adolescencia y en la adultez. Los cerebros de las personas transgénero  tienen patrones del género opuesto, o patrones intermedios. Hay entonces una discrepancia entre el fenotipo cerebral (el  patrón observado) y el sexo gonadal y cromosómico, y probablemento esto hace que la persona quiera adecuar su cuerpo.

La diferenciación sexual del cerebro humano comienza en el vientre materno pero recién se completa cuando se llega a la edad adulta. Aunque las hormonas pueden jugar un papel, también lo puede jugar la crianza: la historia personal moldea la anatomía y función cerebral, no sólo en lo concerniente a la conducta sexual, sino a la conducta en general, a las habilidades y capacidades motoras y cognitivas, etc. Lo más probable es que una combinación de biología y crianza determine la identidad de género.

Las personas transexuales comienzan a sentirse ¨en el cuerpo equivocado¨ en la niñez, antes de la pubertad, y esta disconformidad con el sexo de nacimiento es permanente. Pero no todos los/las niños/as disconformes con su género serán transgénero: para algunos la disconformidad dura sólo un tiempo, es decir que se terminan identificando con su sexo de nacimiento. Lo importante es permitir al niño o niña que exprese sus sentimientos, y si la identificación con el sexo contrario es persistente, se debe evitar el sufrimiento que implica que desarrolle las características sexuales secundarias del sexo con el cual NO se identifica, mediante los tratamientos hormonales adecuados.

 

 

Desórdenes del Desarrollo Sexual – Estados Intersexuales

Consideraciones Bioéticas acerca de las ¨cirugías cosméticas de asignación de género¨

Primero, algunas definiciones:

Desórdenes del Desarrollo Sexual: Abarca un grupo de condiciones clínicas que hacen que el individuo tenga una discrepancia entre los genitales externos, el sexo gonadal (testículos – ovarios) y el cromosómico (46,XX mujer, 46,XY varón). Algunas de estas personas nacen con una apariencia genital indeterminada, es decir con genitales ambiguos, y su sexo no puede determinar: son los estados intersexuales. Pueden presentar testículos no palpables, micropene, escroto bífido (dividido), clitoromegalia, fusión de labios mayores. Las causas son múltiples y exceden el propósito de este artículo, basta decir que pueden ser genéticas (sexo cromosómico indeterminado, deficiencias hormonales, deficiencias de receptores de hormonas) o por exposición del feto femenino a hormonas masculinas (producidas anormalmente por la madre, o consumidas accidentalmente).

Es importante estudiarlos en el momento del nacimiento: la causa más común de genitales ambiguos, la hiperplasia suprarrenal congénita, puede llevar a la muerte si no es tratada. Entonces se deben buscar alteraciones hormonales y de laboratorio; hacer estudios genéticos y realizar ecografías para evaluar la presencia de gónadas, útero y vagina. Con el resultado de estos estudios se clasifica inicialmente a la persona como mujer virilizada (46,XX), varón poco virilizado (46,XY) o desorden del desarrollo sexual cromosómico. En el enfoque terapéutico tradicional se realizan una serie de cirugías (un paciente dado puede requerir 5 o más cirugías) para ¨normalizar¨ los genitales: se reduce el megaclítoris, se separan los labios y se agranda (o crea) la vagina cuando se asigna como mujer (generalmente son mujeres cromosómicamente hablando, pero también pueden ser varones con resistencia a los andrógenos); o se unen los labios para formar el escroto y se alarga el micropene cuando se asigna el sexo masculino.

Sea cual fuere la causa del estado intersexual, y su clínica, es importante el apoyo a la familia por la angustia que genera un bebé que no puede definirse como varón o mujer.

Bioética: Es una rama de la Ética que se dedica a proveer los principios para la correcta conducta humana respecto a la vida, tanto de la vida humana como de la vida no humana. La ética médica se encuadra dentro de la misma, y analiza las conductas médicas (diagnósticas, de investigación y terapéuticas) de acuerdo a cuatro principios: beneficencia, autonomía (del paciente), justicia, y no maleficencia.  El principio de justicia hace referencia al acceso a la salud, por lo que en este análisis de las ¨cirugías genitales cosméticas¨ no será tomado en cuenta.

Es a la luz de estos principios que quiero analizar las cirugías… voy a dejar de lado consideraciones ¨técnicas¨ que, aunque no son menores, no son el foco de mi análisis. Simplemente las enumero:

1)      Siendo cirugías estéticas, NO son necesarias para el normal funcionamiento del individuo (pueden orinar y defecar bien, por ejemplo; si hay una malformación del tracto digestivo asociada, por ejemplo tipo cloaca, o si el testículo está dentro del abdomen, sí se requiere una cirugía). Lo importante, médicamente hablando, es descartar y tratar desórdenes hormonales que pueden costarle la vida al paciente.

2)      Intentar que los genitales luzcan ¨normales¨ implica múltiples cirugías desde, inclusive, el período neonatal, cada una de ellas con su morbilidad: anestesia general, dolor, riesgo de infección, alteración de la dinámica familiar por la internación (muchas veces lejos de su domicilio), más dolor por intervenciones ¨rutinarias¨ y ¨parte del tratamiento¨ (extracciones de sangre, colocación de accesos venosos, posturas estáticas para que ¨pueda cicatrizar bien¨, curaciones).

3)      Muchas veces, los genitales no quedan ni estética ni funcionalmente bien… lo que origina más cirugías hasta bien entrada la adolescencia e inclusive la adultez, donde la persona termina aceptando o resignándose a lo que ¨tiene¨ y ¨puede hacer¨.

No voy a analizar en profundidad lo que produce en la psique de un niño el hecho de ser intervenido y re-intervenido en forma constante, y encima a nivel de los genitales. Si a nosotros como adultos nos angustia una verruga o un ¨granito¨ a nivel genital, imagínense la angustia de un niño que no sabe, ni entiende, ni puede decidir. Pero se da cuenta que ¨algo no está bien¨, que no es ¨normal¨.

El argumento ¨a favor¨ de asignar un sexo rápidamente y operarlo es que ¨pueda ser criado con un sexo determinado, y que de adulto tenga genitales de apariencia y funcionalidad normal… idealmente que pueda reproducirse¨. Se suele asignar el sexo femenino, inclusive a pacientes 46,XY  cuando el pene es muy pequeño, porque técnicamente es más probable lograr una vagina que un pene funcionante.

Pero… ¿es esto un ¨beneficio¨ para el paciente? Se plantea que con un sexo ¨asignado¨ el niño/a no será discriminado, que tendrá una infancia ¨normal¨… ¿es esto realmente cierto? Uno constata en la escuela que cualquier niño puede ser discriminado por cualquier cosa, así que las cirugías ¨estéticas¨ no aseguran nada. Y en cuanto a la infancia ¨normal¨… ¿qué tiene de normal una operación tras otra, faltar al jardín o al colegio durante semanas? ¿Se es realmente menos ¨raro¨ menos ¨distinto¨?

Aún en el caso ¨ideal¨ o sea que se haya logrado crear una vagina que permita un coito satisfactorio, hay pacientes, ya adultas, que manifiestan no tener una adecuada sensibilidad genital. O que se sienten mutiladas, que perdieron parte de su cuerpo en el camino quirúrgico. Ni hablar de la persona que fue asignada al sexo femenino, pero se siente varón (o viceversa). Entonces, ¿dónde está el beneficio de las cirugías estéticas en la infancia? Si el beneficio, como principio bioético, es dudoso… para la no maleficencia no hay duda: las intervenciones no son gratuitas.

¿Y la autonomía del paciente? Un infante no puede consentir a un tratamiento… pero sí puede consentir un niño mayor o un adolescente. Si la cirugía no es necesaria para su funcionamiento biológico, su crecimiento y su desarrollo, ¿por qué no esperar a que pueda decidir? Las personas transgénero comienzan a manifestar su disconformidad con su sexo de origen en la escuela primaria, incluso en el jardín de infantes… Es muy probable entonces que un/a niño/a intersex se defina a sí mismo/a a esa edad, es decir, asuma el género al que quiere pertenecer, y si quiere (o no) operarse.

Muchos dirán que es un desafío criar a un niño en condiciones de sexo ¨indeterminado¨, pero ese desafío recae en los padres, en el equipo médico multidisciplinario, y en la sociedad toda. Ante la evidencia de que la sociedad está tolerando y hasta aceptando la diversidad sexual (ley  de matrimonio igualitario, de género, etc.) y la diversidad corporal (cada día hay más personas que ¨intervienen su cuerpo¨ como si fuera un lienzo o una escultura, y nadie se espanta), ¿por qué nos cuesta tanto asumir este desafío? Y nos cuesta tanto que, como médicos, ni nos planteamos esta posibilidad… y le tiramos todo el costo al paciente, quien es, en definitiva, la persona por cuyo bienestar deberíamos velar.

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Dra. Maria Edith Martín
Consultas: (011) 15-54889308 Formación en Sexología Clínica y en Terapia Sexual Cognitivo Comportamental en la Cátedra Libre de Sexología de la U.B.A., con certificación de la Academia Internacional de Sexologia Médica (AISM)
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