Sexóloga Edith Martin http://www.sexologaedithmartin.com.ar Sun, 19 Nov 2017 13:25:04 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.8.6 Un paso más en la defensa de la diversidad http://www.sexologaedithmartin.com.ar/un-paso-mas-en-la-defensa-de-la-diversidad/4119 http://www.sexologaedithmartin.com.ar/un-paso-mas-en-la-defensa-de-la-diversidad/4119#respond Wed, 18 Oct 2017 12:31:36 +0000 http://www.sexologaedithmartin.com.ar/?p=4119 Conferencia de Mikele Grande, una adolescente trans.

Ver el video

]]>
http://www.sexologaedithmartin.com.ar/un-paso-mas-en-la-defensa-de-la-diversidad/4119/feed 0
La nueva generación de trans ya no se siente en un cuerpo equivocado http://www.sexologaedithmartin.com.ar/la-nueva-generacion-de-trans-ya-no-se-siente-en-un-cuerpo-equivocado/4117 http://www.sexologaedithmartin.com.ar/la-nueva-generacion-de-trans-ya-no-se-siente-en-un-cuerpo-equivocado/4117#respond Wed, 18 Oct 2017 12:10:06 +0000 http://www.sexologaedithmartin.com.ar/?p=4117 A veinte años de que el Hospital Gutiérrez de La Plata realizara la primera cirugía de adecuación genital, los pacientes que hoy se acercan a ese centro en busca de tratamientos para adecuar sus cuerpos a su identidad de género no se parecen en nada a sus antecesores. Llegan en general acompañados por sus familias, muchos tienen estudios porque el sistema educativo no los excluyó desde su infancia, y ya no sienten que nacieron en un cuerpo “equivocado”, como suele escucharse con frecuencia entre los y las transexuales de la generación anterior.

“Aunque resulta innegable que las personas trans siguen sufriendo situaciones de discriminación, la Ley de Identidad de Género caló hondo en nuestra sociedad”, sostiene la licenciada Andrea Pineda, psicóloga del Area de Reasignación Genital del Hospital Gutiérrez, quien cada año atiende en La Plata a unas trescientas personas de todo el país interesadas en consultar sobre esa posibilidad. “Claro que no todas llegan para someterse a una cirugía -señala-: hay gente que viene también en busca de tratamientos hormonales o simplemente para averiguar”.

Contra lo que podría suponerse, la atención psicológica en este tipo de consultas no apunta a determinar si el paciente es apto o no para una intervención, ya sea quirúrgica u hormonal. “De ninguna manera se apunta a una evaluación; no sólo porque la Ley no lo permite sino por una cuestión de ética profesional. Lo que se pretende es ofrecer un espacio para que esa persona despliegue su historia y posibles conflictos en torno a su identidad”, explica Pineda, al señalar que la propia norma exige brindar una atención integral.

¿Pero no cabe acaso la posibilidad de que una percepción transitoria lleve a esas personas a embarcarse en un procedimiento médico que en algunos casos resulta irreversible?. “Podría ocurrir, pero no es algo común -dice la psicóloga-. Para eso existen además estos espacios donde las personas que se acercan tienen la posibilidad de plantear problemáticas vinculadas a su identidad. Creo que si el argumento de un posible arrepentimiento está tan presente en estos casos, es porque persiste el viejo paradigma médico de que la medicina es sólo un medio para combatir la enfermedad, cuando lo cierto es que hoy también permite transformarnos a nuestra voluntad”.

UN MOMENTO BISAGRA

Tras cinco años de estar en contacto cotidiano con historias de personas trans, dice observar un notable cambio generacional. “A diferencia de los pacientes más grandes, de entre 30 y 40 años, que en general expresan sentirse en un cuerpo equivocado (`un discurso aprendido para sobrevivir a la hostilidad del entorno’), las chicas y los chicos trans de este tiempo ya no lo viven así”, sostiene la psicóloga del Area de Reasignación Genital.

“Si bien las personas trans más jóvenes tampoco tienen todo resuelto, porque siguen siendo blanco de agresiones y discriminación, no podemos negar que ha habido un cambio social muy grande a partir de la ley -asegura Pineda-. Mientras que en la generación anterior, las trans eran en general expulsadas primero de la familia, luego de la escuela y finalmente del mundo laboral, lo que empujaba a muchas de ellas hacia el mercado de la prostitución, los chicos y chicas transexuales llegan ahora acompañadas por sus familias, tienen estudios y no sienten que algo en su cuerpo esté mal”.

“Estamos formateados socialmente para pensar que la identidad de género debe coincidir con la que nos fue asignada por la naturaleza al nacer, y ahora nos encontramos en un momento bisagra. No es que antes no existiera la transexualidad, sólo que hoy nos animamos a hablar abiertamente de ella, discutirla y equivocarnos también. Porque es muy probable que algunas de las cosas que sostenemos actualmente puedan ser vistas como equivocadas dentro de algunos años”, reconoce la psicóloga al remarcar que en este terreno “se está haciendo camino al andar”.

Fuente: Diario El Día (La Plata), 09/10/17

]]>
http://www.sexologaedithmartin.com.ar/la-nueva-generacion-de-trans-ya-no-se-siente-en-un-cuerpo-equivocado/4117/feed 0
Quimey Ramos: “Ser docente trans en este lugar del mundo es muy disruptivo” http://www.sexologaedithmartin.com.ar/quimey-ramos-ser-docente-trans-en-este-lugar-del-mundo-es-muy-disruptivo/4115 http://www.sexologaedithmartin.com.ar/quimey-ramos-ser-docente-trans-en-este-lugar-del-mundo-es-muy-disruptivo/4115#respond Wed, 18 Oct 2017 12:03:42 +0000 http://www.sexologaedithmartin.com.ar/?p=4115

Hace un par de semanas, varias crónicas periodísticas hablaron de Quimey Ramos, la profesora de inglés de La Plata que había decidido vivir acorde a su identidad autopercibida. A los 22 años dio un paso que mucha gente no se anima a dar en toda una vida. la Izquierda Diario quiso hablar con ella. Esperó que baje la espuma de Quimey como “noticia” y poder conversar con mayor tranquilidad y perspectiva. Por María Diaz Reck

Ni bien comienza la charla Quimey ya lanza una definición. “Es muy importante darse cuenta que una es sujeta, más cuando una es una femineidad. Es muy difícil, son muchas presiones sociales y una también es una disidencia sexual”, explica cuando habla de su transición personal.

Su nombre, que en mapuche significa lindo, bello, hermoso (aunque sin género, válido para varones y mujeres), parece una marca de origen. Porque aunque reconoce estar atravesada “por múltiples factores exteriores, materiales”, ella tomó conciencia de que, dentro de sus posibilidades, “iba a elegir vivir lo mejor que pudiera y siendo lo más actora de mi vida posible. Y esto me lo dieron el feminismo y el activismo dentro de la disidencia sexual”, remata.

La charla estará entonces guiada por esa autodefinición y autorreafirmación de Quimey, profesora de inglés, sujeta y decidida a ser lo más feliz que pueda. “A muchas personas nos falta sabernos con esa capacidad de, dentro de las posibilidades, plantarnos contra todo. Quiero ser feliz y punto. Voy a vivir mi vida felizmente”, promete.

Transformaciones

Las dudas de Quimey sobre cómo se tomaría dentro de su entorno laboral y social el cambio al que estaba decidida, no pudieron más que sus convicciones. Todo fue cuestión de tiempo. Y de saber que cuando haya que explicarle algo a los que no entiendan, se hará pacientemente.

¿Cómo fue el proceso en la escuela, cómo fue ese día?

Estuvo muy bueno. Dentro de las miles de posibilidades que me imaginé, no imaginaba la importancia de ser docente y trans en este contexto, en este lugar del mundo. Ese día yo entré al comedor de la escuela y las maestras me acompañaron pidiendo un poco de silencio, aunque no fue necesario porque las chicas y los chicos estaban interesados en saber qué pasaba y bueno, les dije: ustedes me conocieron como el profe Tomás, ahora soy la Profe Quimey, eso significa que soy una mujer trans, yo elijo ser una mujer y es algo muy importante hacerles saber que esto es algo que se puede elegir. Que cada quien elige la identidad que desea llevar, porque las identidades se construyen y que yo lo hago para ser feliz. Y las chicas y los chicos lo recibieron superbién.

 

¿Qué fue lo primero que te transmitieron tus estudiantes?

La población con la que yo trabajo es muy vulnerada. Fue muy interesante darme cuenta que sabían cómo tratarme, habían visto ya a otras personas trans, habían tenido contacto directo y ya tenían una empatía. En otros sectores sentí una dificultad para tratar conmigo… las dificultades para tratar con una otredad.

¿Te referís a los sectores más de clase media?

Claro. Mirá, cuando asumí mi condición lo hice de forma militante, entendiendo también que estamos en un contexto; que la mera existencia en una institución, en el sistema formal de educación de una persona trans, es disruptiva.

Porque está planteando un paradigma distinto, está planteando que existen sistemas de opresión, así como existe el capitalismo, existe la heteronorma y que lo normal es ser hombre o mujer heterosexual y biológico, y todo lo que se separa de eso está en otra condición absoluta. Entonces el hecho de estar en la escuela es disruptivo, porque estamos visibilizándonos.

El hecho de que yo exista, que las chicas y los chicos de la escuela lo hayan compartido conmigo implica en el futuro un montón de cosas, implica un imaginario directo de cómo es una persona trans. La mayor parte de la clase media no ha tratado directamente con una persona trans nunca.

Igualdad ante la ley no es la igualdad ante la vida

Recientemente el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, estableció la negativa de la aplicación de la Educación Sexual Integral (ESI) en las escuelas confesionales. Además de generar una enorme polémica esa orden choca de frente con la realidad que se vive en toda la sociedad, se tenga o no alguna creencia religiosa.

Aguer no sólo no está cumpliendo con la ESI sino que no está cumpliendo con la Ley de Identidad de Género. El no permitir hablar de identidad de género es ir directamente contra una ley que existe para todas las personas que vivimos en este país, que la identidad de género es autopercibida.

El plano de la ley no es el plano de la realidad

Claro que no. Las pocas leyes que tenemos, que pudimos conseguir, son batallas sociales inmensas para tener algo de que agarrarnos, que nos avale.

No se las vamos a dejar tan fácil bajo ningún gobierno. Vamos a seguir ocupando cada vez más lugares aunque no quieran, nosotras estamos en una instancia de postergación muy grande que habla de una superopresión. Si hay algo que le ha sobrado al movimiento trans-travesti es ingenio para sobrevivir durante décadas y a pesar de la marginalidad construirse hasta dónde estamos hoy en día.

¿Qué pensás de la ESI?

Pienso que tiene una visión donde se contempla la diversidad pero no contempla las opresiones. Hay identidades que tienen más privilegios y otras que no. Hay una identidad muy privilegiada que es la de varón heterosexual biológico y después todas las demás identidades por distintas razones y contextos son oprimidas. Entonces hablar de diversidad y disidencia es más apropiado, en este sentido la ESI puede tener un carácter más crítico.

La ESI toma la diversidad. Pero habla mucho de nenes y de nenas. Está la contemplación de que hay que respetar a lo diferente. Pero lo “normal”, lo normativo es que haya nenes y nenas. Estos son planteos que son supernecesarios, materiales que hay que sacarles mucho más provecho.

¿Cómo ves la cuestión del Cupo Laboral y su implementación?

Para mí está muy verde. Es una instancia necesaria, necesitamos ganar la ley en el sentido de que se cumpla absolutamente, hay muchas discusiones en relación a las leyes. Ésta es una ley que viene a reconocer una desigualdad social, la necesidad de que haya un cupo. Porque socialmente este sistema nos expulsa sistemáticamente.

Pero son herramientas que hay que luchar porque se implementen. Aunque vamos a seguir teniendo un montón de límites, por ejemplo con el argumento de la falta de “idoneidad” nos dejan afuera de los laburos. Yo quiero personas trans en todos los espacios, en dependencias del Estado, en los comercios.

¿Y cómo ves a la sociedad, más allá de las leyes?

Creo que también tenemos que hacernos cargo de los cambios que queremos en nuestros entornos, porque si esta lucha no nos la apropiamos es como que no vamos a llegar. Hay que hacerse cargo de que el machismo y el patriarcado son un gran colador por el que pasamos todas las personas. Y estar en contra realmente de esto es querer militar contra este sistema que nos oprime tanto. Es hacerse cargo de todo lo que a una la atraviesa, por eso comencé la entrevista marcando que como sujeta de cambio, hay una necesidad de que esta pelea sea colectiva.

 

 

Nada saldado

Quimey conoció ya muchos estudios de televisión, habló por muchos micrófonos y su imagen ya es conocida socialmente. Recibe muchos mensajes de aliento y fuerza. Pero también ser “noticia” por lo “raro” y no heteronormativo puede exponerla a algún que otro desagrado.

 

¿Recibiste algún maltrato en los grandes medios?

Pienso que lo que me dijo Santiago del Moro fue supercínico.

¿Qué te dijo?

Me dijo “¿no te parece que está saldado?” Yo digo, hablemos de otros términos que están asociados en nuestra sociedad como las minorías. Porque por supuesto que una va a ser una minoría si no supera una franja etaria de 35 años. Por supuesto que una va a ser una minoría si te tenés que enfrentar a un montón de prejuicios sociales para poder ser. Por supuesto que no podemos salir a la calle por miedo al maltrato por cómo nos vemos o cómo nos manifestamos. Por supuesto que vamos a ser pocas y pocos.

Básicamente la lucha es día a día en todos los terrenos

Es que me parece que no se puede ser ingenua cuando algo es un destino social. Las mujeres nacidas biológicamente pudieron cuestionarse que su destino no fuera únicamente ser amas de casa hace más de 50 años y nosotras estamos diciendo ahora que no va a ser nuestro destino o el único el trabajo sexual

Por eso tenemos que conseguir llegar a los medios, hacer públicas nuestras vivencias, no alcanza con dos, no alcanza con Florencia de la V y Lizzi Tagliani.

Entonces no está saldado nada

Y no. No está saldado como dice Santiago del Moro. Va a estar saldado cuando tengamos las mismas posibilidades.

Fuente: La Izquierda Diario, 16/10/17

]]>
http://www.sexologaedithmartin.com.ar/quimey-ramos-ser-docente-trans-en-este-lugar-del-mundo-es-muy-disruptivo/4115/feed 0
Daniela Vega: “Estoy orgullosa de ser trans. Si volviera a nacer, volvería a ser trans” http://www.sexologaedithmartin.com.ar/daniela-vega-estoy-orgullosa-de-ser-trans-si-volviera-a-nacer-volveria-a-ser-trans/4113 http://www.sexologaedithmartin.com.ar/daniela-vega-estoy-orgullosa-de-ser-trans-si-volviera-a-nacer-volveria-a-ser-trans/4113#respond Wed, 18 Oct 2017 11:55:25 +0000 http://www.sexologaedithmartin.com.ar/?p=4113 La actriz y cantante chilena, poderosa en su interpretación de la dignidad femenina en Una mujer fantástica, abandera las reivindicaciones de las personas transgénero. Ya se habla de ella como la posible primera candidata trans de la historia al Oscar a la Mejor Actriz. Por BEGOÑA PIÑA

'Una mujer fantástica'

La celebración de la vida y de la dignidad de ser mujer. Eso es, ni más ni menos, la nueva película del chileno Sebastián Lelio, uno de los cineastas más interesantes hoy y un artista de verdad comprometido con su país y con su tiempo. Si con su anterior Gloria extendió por el mundo el ‘virus de la vitalidad contagiosa de una mujer’, ahora, con Una mujer fantástica reivindica la rebeldía, el orgullo y el poder de las mujeres. Daniela Vega es esa mujer fantástica. (Este párrafo está lleno de repeticiones con la palabra mujer. Sí y no me pesa nada, más bien, todo lo contrario).

Marina en la ficción, es una mujer transexual, cantante y camarera. Está enamorada de Orlando, un hombre veinte años mayor que ella que la ama. Repentinamente él muere y ella tiene que hacer frente a la familia de su pareja y a la sociedad, codiciosa, violenta y reaccionaria. Lo que en muchas más películas de las que nos gustaría hubiera sido la tragedia de un personaje femenino que con la muerte del hombre lo ha perdido todo y se hunde en la conmiseración y la desdicha, aquí se convierte en una lección de vida, retrato mucho más ajustado a la realidad del que ese otro cine pretende.

Una imagen que sostiene con energía y belleza la actriz y cantante lírica Daniela Vega, una mujer orgullosa de serlo y orgullosa de ser transexual, que contó públicamente su historia en Chile hace unos años “porque era necesario para que nuestra realidad se entendiera”. Su coherencia y su apuesta por la lucha acompañan a la verdad que hay en su maravilloso trabajo. Poderosa Daniela Vega interpretando la dignidad femenina. Tanto que por primera vez los medios especializados norteamericanos apuntan que podría ser la primera mujer transexual candidata al Oscar a la Mejor Actriz. El filme ganó el Premio al Mejor Guion en el Festival de Berlín y recibió grandes aplausos en el Festival de San Sebastián, donde participó en Horizontes Latinos.

Aunque su vida no tenga nada que ver con la del personaje, ¿ha aprovecha algo propio para construir a Marina?

Construí el personaje de Marina pensando en lo icónicamente femenino, en lo que nos hace sentir mujer. La rebeldía, la dignidad y la resiliencia son tres cosas que yo también tengo. Y la voz lírica, soy cantante de ópera, eso también.

Protagonizar una película como ésta es ponerse a la cabeza de la lucha por los derechos de las personas transexuales ¿contaba con ello?

Bueno, yo hice pública mi situación en Chile en 2009, lo hice porque era necesario para que nuestra realidad se entendiera. Decidí contar mi historia porque no había más gente haciéndolo y pensé que si alguien antes que yo lo hubiera hecho, a mí me habría ayudado mucho. Yo siempre he contado con el apoyo de mi familia y de mis amigos. Pero ésta era una oportunidad de interpretarlo desde el arte, con música y poesía.

¿Y aquello interfirió en su carrera?

Siempre me he sentido una mujer exitosa, desde hace mucho tiempo, por mi familia, mi casa y el amor y el compromiso que siento con la vida. La vida te pertenece y eso te hace una mujer exitosa. Lo otro solo es la fama.

Una mujer fantástica provoca diferentes reacciones entre el público…

Porque es una película que invita a reflexionar de qué lado estás, no busca responder ni reivindicar nada, solo toma el pulso del espectador. Yo soy muy política y eso me gusta. La película es como un termómetro que toma la temperatura de lo social. Ser trans es igual en todo el mundo. Si en algún país fuera diferente, habría muchas profesionales trans y no las hay en ninguna parte. Hay tres actrices trans conocidas en el mundo. Eso está muy mal.

Usted es una de ellas, ¿desde su postura, qué puede hacer?

Yo solo puedo enviar mensajes de aliento. No soy una activista, lo que puedo hacer lo hago con las entrevistas. En Chile es diferente, tengo mucha más visibilidad, porque soy la única trans conocida.

En España han aumentado las agresiones a personas transexuales, ¿cómo es la situación en su país?

Ese aumento es reflejo del miedo, el rebrote de los ataques es eso, pero es un miedo institucional que es el peor. El pueblo chileno tiene ganas de cambiar, aunque los políticos hacen un torniquete para que eso no ocurra. La gente en Chile me apoya y me quiere, los políticos solo me buscan cuando están de campaña y quieren votos. Yo pertenezco al mundo del arte y el arte siempre se ha hecho cargo de lo que los políticos no se han ocupado.

Ser trans y popular, ¿le hace sentir alguna clase de responsabilidad?

Sí, hay un grado de responsabilidad. Yo estoy orgullosa de ser trans y por eso salí a contar mi historia, porque no me importa lo que opinen de mí en ese aspecto. Si volviera a nacer, volvería a ser trans.

El personaje de Marina es, a pesar de todo lo que tiene en contra, el de una mujer que sonríe, positiva, ¿es un arma de las mujeres hoy?

Sí, ser resiliente te obliga a ser positiva, ser mujer te obliga a ser positiva. Cada ser humano encierra cierta fragilidad, pero en ella hay belleza. La vida es una sola oportunidad, hay que sonreír, disfrutar y pelear. Yo conozco muchas mujeres que están orgullosas de ser mujeres. Otra cosa es que le gusta a casa uno. Si a una le gusta el sol, se pone al sol, y si le gusta la sombra, se pone a la sombra.

En esa pelea de la vida ¿qué le gustaría conseguir?

Que la gente viviera mejor. Me gustaría que lo que hago perdurara en el tiempo y para eso no es necesario hacer una película o una obra artística, solo hace falta estar tranquilo con uno mismo. Perdurar en el tiempo significa dejar un legado y eso es dejar la puerta abierta para que el que viene lo pase mejor que tú. Yo siempre que abro una puerta, la dejo abierta. Aparte de eso, con Una mujer fantástica me gustaría que la gente se fuera a casa preguntándose dónde está su poesía.

]]>
http://www.sexologaedithmartin.com.ar/daniela-vega-estoy-orgullosa-de-ser-trans-si-volviera-a-nacer-volveria-a-ser-trans/4113/feed 0
Pensamiento Neuroqueer en respuesta a la opresión patriarcal de las Neurociencias http://www.sexologaedithmartin.com.ar/pensamiento-neuroqueer-en-respuesta-a-la-opresion-patriarcal-de-las-neurociencias/4110 http://www.sexologaedithmartin.com.ar/pensamiento-neuroqueer-en-respuesta-a-la-opresion-patriarcal-de-las-neurociencias/4110#respond Wed, 18 Oct 2017 11:47:27 +0000 http://www.sexologaedithmartin.com.ar/?p=4110

Lucía Ciccia trabaja en el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la Sociedad Argentina de Análisis Filosóficos. Es becaria del CONICET y su tesis doctoral, “La ficción de los sexos: hacia un pensamiento neuroqueer desde la epitesmología feminista”, desmitifica el posicionamiento de las neurociencias, legitimadoras de la opresión hacia las mujeres. Dicho de otra manera: la ciencia tiene  representación Des-Generadx en Ciccia y patea andamiajes patriarcales con fundamentación científica. Escuchá la entrevista que el lunes pasado le concedió a Radio Kermés.

Reproducir audio

Fuente: www.radiokermes.com, 25/09/17

]]>
http://www.sexologaedithmartin.com.ar/pensamiento-neuroqueer-en-respuesta-a-la-opresion-patriarcal-de-las-neurociencias/4110/feed 0
EDUCADA POR UNA PORNSTAR http://www.sexologaedithmartin.com.ar/educada-por-una-pornstar/4105 http://www.sexologaedithmartin.com.ar/educada-por-una-pornstar/4105#respond Wed, 18 Oct 2017 11:39:13 +0000 http://www.sexologaedithmartin.com.ar/?p=4105

¿De qué hablamos cuando hablamos de sexualidad? ¿Cuánto del silencio pedagógico que me acompañó en mi educación tiene que ver con los complejos y prejuicios que tuve que romper -y que sigo rompiendo- durante mi madurez? ¿Qué tan lejos quedó el disciplinamiento de mi cuerpo en base a reglas de vestimenta y comportamientos de “género” asignados por dentro y por fuera de la escuela? ¿Cuán diferente es la Argentina de hoy a la que me tocó vivir a mí, cuando la Ley de Educación Sexual Integral no existía? Por Maru Labat

A mis 10 años yo pensaba que la masturbación era algo que hacían los varones, y que el placer que yo sentía al apretar mis piernas contra la almohada era una malformación de mi género. No lo contaba, no lo consultaba, era algo más secreto que íntimo.

El contexto era clave. A principios del 2000, internet recién se iba instalando en algunas familias privilegiadas y el consumo de pornografía -como principal educador- era aún más difícil para las chicas. La meta era buscar en los cajones de hermanos o primos y recolectar todo el material gráfico (y explícito) posible para responder algunas inquietudes.

La pornografía no era sólo mi manual de instrucción sexual secreto, sino también mi anclaje más grande al sexo opuesto. Mi sobrepeso estético hacía que mis compañeros me dijeran “cerda” o “porki”, y armé una estrategia extorsiva para erradicar esos apodos: el tráfico del porno. A los chicos más amigables los invitaba a merendar, les daba Nesquik y les mostraba las revistas que había conseguido. Gracias a Playboy me hice amigos y más tarde novios, y todavía recuerdo el rostro ardiente de las modelos que me enseñaron que manifestar el placer tenía que ver con una forma de abrir y torcer la boca.

UNA MAESTRA LLAMADA EMMANUELLE

Recorrer la grilla de programación de la televisión y encontrar el horario exacto en el que Film Zone se volvía “Exxxtreme” también era un hábito personal. Ahí estaba ella, Emmanuelle, la mujer de las múltiples facetas, con historias de hombres invisibles y viajes al espacio; mi maestra de sexo y biología durante mi educación primaria.

Cada teta, pezón, cintura, cola, pierna e incluso vagina que aparecía en primer plano me hacía bajar el mentón para buscar similitudes. El recorrido era en vano: la mayoría eran diferencias, aunque la expresión de placer de Emmanuelle emitía el mismo sonido que hacía yo cuando algo me dolía.

Cuando conseguía pasar del soft al hard y encontraba imágenes explícitas, las dudas se profundizaban. La ostentación del genital del varón era evidente, y su placer parecía estar relacionado con la dominación. ¿Eso blanco que les sale del pito es como la menstruación? Las preguntas que me hacía con respecto a la naturaleza de ellos eran más, porque su miembro era más visible y diferente, aunque mi biología y mi placer todavía se ubicaban en un terreno alienígena.

El punto de ebullición de mi curiosidad fue cuando con mi mejor amiga redactamos una carta para pedir información calificada. Nos habíamos enterado que en otra escuela había chicxs que tenían clases sobre el tema, y quisimos el mismo beneficio. Aunque el pedido fue anónimo y firmado por nuestra división, la evidencia la dejamos al tocar la puerta de la secretaría de dirección y al decirle -en un español de dibujo animado- que llevábamos “recado” para la directora. El mensaje era contundente: “Queremos clases de educación sexual”. Sin saberlo, ese día y de esa forma, nos convertimos en militantes por nuestros derechos.

UNA BATALLA GANADA A MEDIAS

Poco después, Silvia, la psicopedagoga, se presentó en el aula en la primera clase de educación sexual de nuestro colegio. Su fanatismo por las teorías de Freud le hizo relucir cierto goce por la temática que le tocó explicar a nosotrxs, su alumnado. “A ver, levante la mano:  ¿quién sabe lo que es el semen?”. Mi compañero de banco, el nerd de la clase, le preguntó con timidez: “¿semen y “wasca” son lo mismo?”. Entre risas e ilustraciones pedorras, la clase se limitó a cómo nos trajeron los “papis” a este mundo, en un marco limitado a la gestación y los cambios físicos en la pubertad.

El porno, su falocentrismo y heternormatividad seguían siendo más efectivos.

En mi secundaria el tema se retomó desde el plan de estudios del colegio. Mientras yo descubría mis gustos y placeres, asistía a actividades programadas que tenían eje en la salud sexual reproductiva. El foco estaba puesto en prevención de enfermedades y los métodos anticonceptivos: con una banana las chicas practicábamos cómo poner un forro mientras los chicos, de fondo, se reían como si la tarea les fuese ajena.

En ninguna charla se habló de diversidad ni orientación sexual, identidad de género ni se hizo mención de los distintos puntos erógenos; tampoco se habló de abuso o de los secretos que no hay que guardar. Mi experiencia, la ficción, las anécdotas de amigas, los mitos urbanos y, por supuesto, la pornografía se mantuvieron en mi adolescencia como mis docentes más capacitadxs en la materia.

Las clases de educación sexual, un privilegio en aquel entonces, me dejaron con más interrogantes que certezas; con un mundo muy acotado, dentro de las esferas de lo “masculino” y “femenino” y la desigualdad que eso supone. Aquellas clases manifestaron el pudor y la falta de capacitación docente frente a la temática, y también reveló la necesidad de buscar otras fuentes de información.

¿LAS BASES PARA TERMINAR CON LAS VIOLENCIAS DE GÉNERO?

Esto que relato debería ser un problema de mi generación y las pasadas. Porque desde hace once años, en Argentina, existe una Ley de Educación Sexual Integral (ESI) que le otorga derechos a lxs niñxs en todas las instancias educativas; que promueve articular la educación familiar con la de la escuela en un sentido transversal y no con una clase o actividad aislada. Además, propone una educación con enfoque de derechos y con una perspectiva pedagógica para tratar el género, la diversidad, la afectividad y los cuidados del cuerpo.

La aplicación de la Ley está trabada por la administración pública y por la influencia de la Iglesia en el ámbito educativo. El incumplimiento del Estado de garantizar derechos a todxs lxs niñxs está acompañado por el desconocimiento que tenemos nosotrxs, lxs adultxs educadxs por el porno, a la hora de exigir la capacitación docente para que se pueda aplicar.

Con 27 años comprendo que reducir la sexualidad al sexo es peligroso. Que la educación sexual empieza con los los colores, los juguetes, el afecto y los distintos tipos de familia. Que lxs adultxs tenemos que hablar de la existencia de “contactos físicos incómodos”, aún frente a chicxs que no saben lo que significa el sexo o el placer; que hay que entender que la narrativa infantil influye en la construcción de un universo habitable, y que se continúan reproduciendo estereotipos en la ficción que generan complejos y discriminación.

¿Por qué esta Ley aún no se implementa en todas las escuelas?  ¿Vamos a creer que un gobierno que instala un proyecto de ley de “Libertad religiosa” está dispuesto a aplicar una conquista histórica en el ámbito de la educación? ¿Quiénes, sino nosotrxs, deberían abogar para que se garanticen los derechos de lxs niñxs?

El sexo, al final, es todo eso de lo que se habla mucho -y sin saber- pero que se ejerce en privado. Es el dedo meñique de un mundo que mi generación no conoció más allá de la pornografía y la práctica. Y la salud sexual reproductiva es la punta de un iceberg con el que hay que chocarse para construir una sociedad mejor.

Fuente: revistapalta.com, 27/07/17

]]>
http://www.sexologaedithmartin.com.ar/educada-por-una-pornstar/4105/feed 0
“Mi pareja me denunció, y fue lo mejor que pudo hacer” http://www.sexologaedithmartin.com.ar/mi-pareja-me-denuncio-y-fue-lo-mejor-que-pudo-hacer/4041 http://www.sexologaedithmartin.com.ar/mi-pareja-me-denuncio-y-fue-lo-mejor-que-pudo-hacer/4041#respond Sun, 28 May 2017 22:16:21 +0000 http://www.sexologaedithmartin.com.ar/?p=4041

Juan Basone es uno de los 3.500 hombres que han recibido tratamiento en el Centro Integral para Varones. Admite que la terapia grupal le “cambió la cabeza, pero para bien”. Y la recomienda para quienes están orgullosos de su machismo. Por Javier Cámara.

Juan Basone tiene 35 años y hasta hace siete meses era de los que creen que ser un “buen hombre” era ser “un buen macho”. Una tarde del año pasado, cuando regresó a su casa desde el trabajo en un local donde hacen tatuajes, comenzó a discutir con su pareja, 10 años menor que él.

De una discusión nimia, casi habitual, pasaron a las palabras fuertes y a levantar la voz. No le importó que la hijita de ambos, de 3 años, los estuviera mirando a punto de largar el llanto. De pronto, la voz del varón se hizo grito hasta la violencia verbal, y las dos mujeres se asustaron.

“No hubo golpes, pero sí gritos –recuerda Juan, con franqueza–. Ella se asustó y me denunció. Y aunque fue muy doloroso para mí, porque yo nunca le pegué y me llevó la Policía, me ‘pintaron los dedos’, y un juez me impuso una restricción de contacto por tres meses con las personas que más amo, creo que fue lo mejor que mi señora pudo haber hecho”.

–No te entiendo.–Así, tal cual. Fue lo mejor que me pasó. Porque hoy, después 
de haber vivido lo que viví desde aquella discusión, estoy convencido de que con la denuncia mi señora me hizo mucho bien, fue 
lo mejor que pudo haber hecho por mí.

Juan es uno de los 3.500 varones que han pasado hasta ahora por el Centro Integral para Varones, una dependencia del Polo Integral de la Mujer en situación de Violencia, ubicado en Rosario de Santa Fe 254, a 100 metros de la plaza San Martín, en Córdoba. En este lugar se brinda tratamiento, eventual derivación y contención a los hombres denunciados por ejercer algún tipo de violencia contra la mujer.

Las autoridades de ese Centro no han recibido notificaciones de nuevas denuncias contra los hombres que hicieron o están haciendo algún tipo de terapia en ese lugar.

Esto ha provocado una grata sorpresa en todos los funcionarios y técnicos que intervienen en el drama de la violencia familiar 
y de género. Incluso el coordinador de esta dependencia, el médico psiquiatra Jorge Ibáñez, se reconoce algo sorprendido por los excelentes resultados.

“Aunque la violencia no es una enfermedad –explica el especialista–, la violencia enferma. Por eso, para el problema de la violencia contra la mujer aplicamos un concepto sanitario: primero, hay que atender a la víctima; después, a la prevención; y luego, a los victimarios. Nuestro Centro para Varones surgió después del Polo Integral de la Mujer, porque al victimario hay que atenderlo”.

Mucho trabajo

En ese lugar se hacen 250 entrevistas personales por mes. Es otra muestra de la magnitud de la problemática de la violencia que el año pasado generó 39 mil causas abiertas en la Justicia provincial.

Con el primer contacto, los especialistas deciden si el caso da para terapia de grupo (58 reuniones en las que se trabajan distintos temas, desde el manejo de la ira hasta de la economía familiar), o si necesita otro tipo de asistencia psiquiátrica o por adicciones.

A Juan sólo le basta con la terapia grupal. Llegó al tratamiento por orden de un juez, hace siete meses, y no se cansa de repetir que fue lo mejor que le pasó: “Me ayudaron a cambiar la cabeza; me enseñaron lo estúpido que es el machismo, esto que tenemos metido en la cabeza muchísimos hombres. Yo lo aprendí viendo a mi papá, y él a mi abuelo, que venían de trabajar y exigían que sus mujeres les tuvieran la comida lista, y ellos se sentaban, y si no estaba la comida, el vaso, la servilleta y el control remoto, había problemas. Yo también era así. Muchos hombres todavía lo son”.

–¿Qué te ayudó a cambiar el tratamiento?

–Casi todo. No me daba cuenta, pero era un boludo. Ahora valoro a la mujer en su igualdad con el hombre. No sólo a mi pareja y a mis hijas, sino también a mi mamá… ahora le llamo por teléfono todos los días y la visito más.

–¿Qué descubriste en tu machismo?

–Lo que produce el machismo es terrible. Esa estupidez de querer tener siempre la razón cuando uno discute; eso de sentirse con más derechos que la mujer; eso de creer que uno, por ser varón, se puede ir a jugar al fútbol todas las semanas y la mujer no puede hacer lo que ella quiera cuando quiere. Eso también es como una violencia. Algunos de mis amigos me charlan y me dicen que me han lavado la cabeza. Y yo les digo que sí, que me lavaron la cabeza, pero para bien. Yo voy por 26 sesiones, es la mitad del tratamiento. Y ya estoy pensando qué hacer para que más gente sepa de esto porque todos deberíamos pasar por acá.

–¿Hubieras podido salir de la violencia, sin ayuda?

–No. Creo que no se puede salir sin ayuda, porque uno no se da cuenta de su machismo prepotente. Por eso es bueno también que aquí no haya que pagar, porque mucha gente no puede o no quiere hacerlo; y acá es gratis. El click lo hice cuando vine aquí, cuando me denunciaron, cuando tuve miedo.

–¿No te da vergüenza el tratamiento grupal?

–¡Al contrario! Es lo mejor porque a veces uno ve más claro los errores de los otros que los propios. Y uno también ve que si un compañero quiere y puede cambiar, uno también puede y debe hacerlo. Compañeros que decían que las mujeres no servían para nada, y cuando acá les preguntan de dónde salieron ellos mismos, se dan cuenta de lo que estaban diciente y se largan a llorar. Evidencias de todas las formas violentas con las que nos tratamos… violencia verbal, física, moral, económica; los celos. Yo no veía eso en mí. Lo tenía incorporado. Y realmente me ha cambiado la vida.

Fuente: La Voz, 26/05/17 
]]>
http://www.sexologaedithmartin.com.ar/mi-pareja-me-denuncio-y-fue-lo-mejor-que-pudo-hacer/4041/feed 0
Judíos gays y trans desafían la tradición y derriban barreras http://www.sexologaedithmartin.com.ar/judios-gays-y-trans-desafian-la-tradicion-y-derriban-barreras/4025 http://www.sexologaedithmartin.com.ar/judios-gays-y-trans-desafian-la-tradicion-y-derriban-barreras/4025#respond Mon, 03 Apr 2017 12:53:17 +0000 http://www.sexologaedithmartin.com.ar/?p=4025 Aunque activistas, psicólogos y religiosos coinciden que “para las ‘idishe mame’, aceptar que un hijo es gay puede ser más difícil”, la participación en rituales y hasta el matrimonio se abren camino en los templos. Por Clara Fernández Escudero.

Integrados. Escobar, Charur y Michanie tienen la oficina de la JAG dentro del templo de la calle Libertad.

“¿Cómo que te costó, si nunca me dijiste nada, jamás me di cuenta?”, preguntó asombrado Michel Lacher, un joven rabino porteño que vive en Medellín, a su mamá, Celia Sigal, tras escuchar un emotivo relato sobre el proceso interno que la había llevado, finalmente, a aceptar que su hijo era gay.

“Se enteró recién, a los casi 30 años, que a mí me había llevado un tiempo importante poder aceptarlo internamente, mucho más que a mi marido”, recrea Sigal una semana después de esa charla. “Cuando él me confirmó algo que yo venía sospechando hace tiempo, se me vino el mundo abajo”. Pero esa historia de resistencia inicial –que ella misma califica más como “un deseo propio” que un rechazo– se transformó rápidamente en una historia de aprendizaje y alegría: hoy, Michel y su marido, católico y colombiano, están esperando un hijo o hija a quien educarán bajo la fe judía.

La “revelación”, como Sigal la llama, no se dio en la intimidad de su casa, sino en un evento en el que participaron 150 personas de todo el mundo, denominado Shabaton en Buenos Aires, en el que la asociación JAG (Judíos Argentinos Gays LGBT) desarrolló el primer encuentro de América latina sobre temática LGBT “partiendo desde el judaísmo hacia la comunidad, para darle más visibilidad a los temas igualitarios dentro de la comunidad judía”, cuenta Gustavo Michanie, su presidente.

La elección de la Ciudad resulta obvia, asegura, gracias a las leyes de matrimonio igualitario e identidad de género que son pioneras en el mundo, acompañados por la aprobación de la Jupá (matrimonio bajo el ritual judío en una sinagoga) el año pasado.

‘Colgo y moiro’. La misma historia de vida de Michanie refrenda esta afirmación de que, aunque la religión juega un papel clave y tiene distintas posturas, lo cultural tiene un peso extra a la hora de salir del placard. “Vengo de una familia ortodoxa, y aunque mi viejo lo aceptó y mi vieja –después de un proceso largo, de mucho tiempo– me acompañó en todo, mis hermanos y sobrinos –ortodoxos observantes– no compartieron mi casamiento, porque no lo contemplaban dentro de sus principios”, cuenta. Michanie se casó en 2015 con Marcelo Robles, un católico divorciado, con hijos, e hicieron una Jupá interreligiosa. “Que no vinieran no me jodió, pero ¿qué vamos a hacer con quienes piensan diferente? Cada judío es responsable uno del otro. Por eso en la ortodoxia dicen que es ‘una enfermedad que tiene cura’”, agrega el dirigente de la JAG.

Alejandra Goldschmidt, psicóloga especialista en diversidad, asegura que hay una colisión cuando ambas minorías –la judía y la gay– se encuentran: “La identidad judía es una identidad vertical, que se hereda; un niño judío está identificado frente a una cultura general como lo mismo. En cambio, la pertenencia a una minoría homosexual es horizontal: en general, los hijos homosexuales vienen de un matrimonio hétero. Eso implica una ruptura, una cultura diferente a la de los padres, y para los padres está fuera de las expectativas y, luego, implica una aceptación”, explica.

¿Y qué sucede con la participación en los rituales? “En general, las familias judías tienen una formación que favorece la aceptación. Las ortodoxas tienen una impronta de mayor rigidez, de ciertos rituales y normas que implican que la llegada de alguien que no responde a este perfil es un poco de afuera”, dice Goldschmidt.

Para cierta mirada religiosa, ése es un camino que se va abriendo lentamente: el rabino de la Congregación Israelita de la República Argentina (CIRA) Templo Calle Libertad, Damián Karo, reflexiona sobre estas nuevas realidades que se abren paso: “No nos ponemos como jueces acerca de quiénes pueden y quiénes no amarse, sino que, por el contrario, acercamos los rituales tradicionales, los simbolismos; y los ponemos a disposición del crecimiento de las personas y del amor. Por siglos, los judíos hemos vivido bajo una diversidad de interpretaciones. Seguimos haciendo lo mismo que hicimos siempre”, explica.

Ceremonia pionera

En abril del año pasado, Romina Charur y Victoria Escobar se convirtieron en la primera pareja gay en casarse en una sinagoga. El camino había sido largo: nacida en una familia judía conservadora, Charur formaba parte de la JAG cuando conoció a Victoria, una católica no practicante de la que se enamoró en 2009. Pero cuando Escobar se convirtió al judaísmo, casarse se volvió central.

“Decidimos que queríamos un hogar judío, así que nos acercamos a la comunidad NCI-Emanu El. La rabina Karina Finkielsztein nos abrió las puertas y siempre nos hicieron sentir cómodas. Empezamos a estudiar la Torá y a trabajar para la aprobación del matrimonio”, contó Charur.

“El legado a los hijos es fundamental. Es por eso que uno forma un matrimonio judío: todos los ritos son en familia”, agregó Finkielsztein, una de las primeras rabinas del país.

Fuente: Perfil, 26/03/17

]]>
http://www.sexologaedithmartin.com.ar/judios-gays-y-trans-desafian-la-tradicion-y-derriban-barreras/4025/feed 0
Caso Belén: “¿Quién me devuelve los tres años que pasé presa?” http://www.sexologaedithmartin.com.ar/caso-belen-quien-me-devuelve-los-tres-anos-que-pase-presa/4023 http://www.sexologaedithmartin.com.ar/caso-belen-quien-me-devuelve-los-tres-anos-que-pase-presa/4023#respond Mon, 03 Apr 2017 12:48:46 +0000 http://www.sexologaedithmartin.com.ar/?p=4023
Dice que no quiere volver a Tucumán porque tiene “recuerdos malos” y empezará una vida nueva en el conurbano bonaerense. “Este fallo les va servir a muchas otras mujeres para darse cuenta de que tenemos derechos”, señala. El viernes irá a bailar con su novio para festejar. Por Mariana Carabajal.
El caso Belén se convirtió en un símbolo de los derechos vulnerados de las mujeres: hubo numerosas marchas en su apoyo.

Casi no pudo dormir en toda la noche. Una mezcla dulce de alegría y ansiedad le quitó el sueño y la desveló. “No lo podía creer”, dice Belén a PáginaI12, sobre el fallo que la absolvió de la injusta condena que llevaba su nombre real. La noticia la encontró lejos de Tucumán, esa provincia, su terruño, que la maltrató tanto al punto de meterla presa arbitrariamente durante casi novecientos días, después de sufrir un aborto espontáneo en la guardia del Hospital Avellaneda, adonde llegó por un dolor de panza y se la llevaron esposada a una cárcel. “No quiero volver a Tucumán porque tengo recuerdos malos”, dijo la joven ayer a la mañana. Se la escucha radiante. Tiene planes para iniciar una nueva vida en el conurbano bonaerense, con su pareja, con quien planea casarse y formar una familia. “¿Ahora quién me va a devolver los tres años que pasé encerrada?”, pregunta, y todavía no tiene respuesta.

Belén cumplió 29 años. Tiene los cabellos lacios y oscuros, renegridos como sus ojos almendrados. En su foto de perfil de Whatsapp se la ve abrazada por su novio. Ella no sonríe. La espera del fallo de la Corte tucumana, que puso fin a su pesadilla, la mantenía apesadumbrada. El lunes su historia volvió a dar un giro. “Este fallo les va servir a muchas otras mujeres para darse cuenta de que tenemos derechos. No tienen que tener miedo de ir a una guardia porque no todos los médicos son como los que me denunciaron a mí. Pero lo que me pasó a mí le podría haber pasado a varias. A mí, además, no me defendieron bien. Los abogados que tuve me señalaron con el dedo. Hasta que apareció Soledad (Deza), que me enseñó que tengo derechos, que tenía que hablar, que no estaba sola”, dice Belén a este diario, en una entrevista exclusiva.

Aunque anima a otras mujeres a no tener miedo, ella no fue nunca más a un hospital. Por temor a ser maltratada otra vez por profesionales de la salud. “Espero superarlo”, dice. Tiene planes. Quiere estudiar Literatura, como le adelantó a este diario días antes de recuperar su libertad, en agosto del año pasado, cuando le concedió a esta cronista una entrevista en la Unidad Penitenciaria N° 4. En la cárcel devoró los libros de la biblioteca y cada uno de los ejemplares que le llevaba su abogada. Desde El país de las mujeres, de la novelista nicaragüense Gioconda Belli, hasta Por siempre Mujercitas, el clásico de Louise May Alcott. Y está terminando de escribir su propia historia. Ya tiene dos cuadernos escritos a mano: empezó en el encierro, y siguió, afuera. “Ahora se viene lo mejor –se ríe con ganas–, el final”. Su absolución, limpiar su nombre de tantas infamias, de esas acusaciones de asesina de su propio hijo que le impuso la prensa tucumana y algún diario de Buenos Aires, también.

Belén cuenta que está enamorada. Después de salir de la cárcel –cuando la Corte tucumana puso fin a la ilegal prisión preventiva que le habían dictado–, se reencontró con un novio de la adolescencia, que se había enterado de lo que le había pasado, y la buscó. Desde entonces están juntos. En estos días Belén está parando en su casa, en el conurbano bonaerense, adonde se van a instalar una vez que se casen, en una casita que les va a dar la mamá de él. Su novio trabaja en una mueblería y estudia ingeniería industrial. “Ayer (por el lunes) lo llamé cuando me avisaron del fallo y se fue del trabajo para venir a abrazarme. El viernes vamos a ir a bailar para festejar”, dice Belén. Aunque ella no es de salir de noche, su novio la convenció de que el motivo era más que importante para celebrar con música, algunos tragos y mucha alegría.

La joven buscará trabajo en su nuevo pago. Con la cárcel perdió el que tenía en una cooperativa, en su pueblo. Cuando quedó libre, no pudo conseguir un empleo estable porque le exigían certificado de antecedentes y ella tenía una condena de homicidio doblemente agravado por el vínculo y alevosía. Quién la iba a tomar. Se dedicó estos meses a fabricar peluches, manualidad que aprendió en el penal, y con la ayuda de amigos los vendía. Además, hizo trabajos de limpieza.

–¿Cómo fueron esos primeros días después de salir de la cárcel? –le preguntó este diario.

–Me agarraban ataques de ira y gritaba un montón en mi casa. Por todo lo que pasé. Empecé a hacer terapia. Lloré un montón. Después tuve ataques de pánico, y no podía salir a la calle, salvo que saliera con mi mamá o mis hermanos. Y tuve que dejar la terapia porque no podía ir. Gracias a Dios lo superé. Anoche trataba de dormir y se me venían recuerdos a la cabeza del penal, cuando ingresé, que fue horrible. Por ahí me vienen flashes a la cabeza, me veo rodeada de gente. El otro día me desperté llorando, me veía rodeada de hombres, de policías, tal cual como cuando desperté en la guardia y me estaban mirando abajo (en sus partes íntimas). Ahora estoy más tranquila.

Todavía, sin embargo, siente bronca por la mala defensa que tuvo. El abogado particular que contrató su familia, Abraham Musi, un ex fiscal penal destituido por su vinculación con la venta de autos mellizos, la dejó en banda unos días antes del inicio del juicio porque los padres de Belén no lograron juntar el monto total que les exigió para su defensa: “Le pagamos 7500 pesos y él quería 20 mil. Y encima se los quedó. Musi me decía que había un ADN que me condenaba. Yo le decía, me inventaron todo”, recordó. Le hizo creer que la iban a condenar a reclusión perpetua. Recién dos años y medio después me enteró a través de Soledad Deza, la abogada de Católicas por el Derecho a Decidir, que se enteró de su ilegal encierro y articuló su defensa, que no había ni ADN ni cuerpo que la incriminara. “No entiendo por qué me hicieron eso. La defensora oficial Norma Bulacio vino a verme justo antes del juicio. Ahí la conocí. Vino con sus tacos, con su cartera. Yo voy a ser tu defensora, se presentó. Es un embarazo muy grande, de ocho meses, te tenés que hacer cargo, me dijo. ¿Cómo me voy a hacer cargo de algo que no hice?, le dije a los gritos”, contó Belén a PáginaI12, a mediados de 2016, cuando todavía sus días eran grises, encerrada en la Unidad Penitenciaria N° 4, a pocos minutos del centro de capital provincia.

Bulacio no aportó en el juicio ninguna prueba para defender a Belén. Ni siquiera una foto de ella de los días previos a que fuera a atenderse al hospital por dolores abdominales, que la mostraran sin panza. Un embarazo de ocho meses no se puede ocultar. Al juicio fue con la misma campera blanca, con florcitas, ceñida al cuerpo, que tuvo esa madrugada en la guardia. Si hubiera cortado con sus manos el cordón umbilical y tirado el bebé por la cañería, como la acusaron, tendría que haberse manchado de sangre. Ni su ropa ni en el baño había sangre. Bulacio alegó que ella estaba en shock esa madrugada del 21 de marzo de 2014 –cuando llegó a la guardia– por el supuesto parto, afectada por el estado puerperal, dando a entender su culpabilidad, a pesar de que su defendida decía otra cosa. Belén siempre sostuvo que no sabía de su embarazo y que el médico del hospital José Daniel Martín le dijo –y escribió eso en su historia clínica– que había tenido un aborto espontáneo. Inicialmente fue imputada por una figura inexistente, aborto seguido de homicidio. Luego, la Sala III de la Cámara Penal la condenó a ocho años de prisión por “homicidio doblemente agravado por el vínculo y por alevosía”, en un proceso judicial que, como corroboró la Corte tucumana en su fallo del lunes, violó los derechos de la joven. Durante el proceso primaron las concepciones conservadoras de quienes la juzgaron sin prueba alguna por encima del cumplimiento de la ley. La Corte tucumana le devolvió a Belén la sonrisa.

Fuente: Página 12, 29/03/17

]]>
http://www.sexologaedithmartin.com.ar/caso-belen-quien-me-devuelve-los-tres-anos-que-pase-presa/4023/feed 0
Caso Belén: Los argumentos del fallo que la absolvió http://www.sexologaedithmartin.com.ar/caso-belen-los-argumentos-del-fallo-que-la-absolvio/4021 http://www.sexologaedithmartin.com.ar/caso-belen-los-argumentos-del-fallo-que-la-absolvio/4021#respond Mon, 03 Apr 2017 12:42:12 +0000 http://www.sexologaedithmartin.com.ar/?p=4021 El máximo tribunal provincial señaló que la joven fue condenada sin pruebas y fue víctima de violencia institucional. Por Soledad Vallejos.

Belén padeció violencia institucional, estuvo a merced de una defensora oficial que no la defendió, de personal médico que violó el secreto profesional para acusarla, de una Justicia que la condenó de manera arbitraria y sin pruebas que indicaran su responsabilidad indudable. Por eso, en el fallo de la Corte tucumana que resolvió su absolución por unanimidad, uno de los jueces afirmó que la “violencia institucional acaecida en el ámbito médico y judicial” es “cuestión de género”, porque esas cosas “no se hubieran verificado en un caso con un hombre como presunto autor”. “Para saber si los estereotipos de género estuvieron presentes en este proceso, sólo hace falta preguntarse: ¿se hubiese llegado a una condena de homicidio agravado por el vínculo de un hombre en una causa donde el cuerpo del delito se perdió y no hay datos que permitan conocer la efectiva relación entre víctima y victimario?, ¿con una autopsia con incongruencias tales como el sexo de la víctima o su edad gestacional y con una causa de la muerte no determinada de forma clara y precisa? ¿Se hubiese avalado que la defensa no realizara planteo alguno frente a esas situaciones y ni propusiera prueba de descargo? ¿Se hubiera permitido que la defensa ocurriera en sentido contrario a la posición de inocencia sostenida en las declaraciones y palabras del acusado en todo momento?”, apuntó el vocal Oscar Posse en su voto, sobre cuya base el presidente del cuerpo, Antonio Gandur, y el otro vocal, Antonio Estofan, con disidencias menores en algunos argumentos, también resolvieron la absolución de Belén.

La vulnerabilidad en que se encontró la joven, luego de llegar a la guardia del Hospital Avellaneda, de San Miguel de Tucumán, y lo dañino que fue para sus derechos el modo en que actuaron quienes trabajan en ese centro de salud, además, motivó que el presidente del máximo tribunal provincial indicara, además, que precisan capacitación en derechos. “Se considera pertinente y necesario realizar un profundo proceso de formación a través de disertaciones, encuentros y talleres a cargo de la Secretaría de Derechos Humanos de esta Corte en coordinación con los organismos del Siprosa (Sistema Provincial de Salud) para informar a los operadores de la medicina provincial el actual marco legal, así como el adecuado modo de actuación  en temáticas relacionadas”, dispuso Gandur. Esa capacitación, además, “también tendría que tener como objetivo producir  conjuntamente un protocolo de actuación” para establecer “con claridad el modo de proteger los derechos de los pacientes como de los operadores de salud y evite las nulidades procesales en las investigaciones preparatorias”.

El fallo, de 86 páginas, pivotea fundamentalmente en torno a  tres cuestiones: la hipótesis de violación del secreto profesional del personal médico; la nulidad del proceso porque Belén no había sido defendida correctamente en el juicio por la defensora oficial; y la valoración arbitraria de las pruebas.

  • La violación del secreto profesional. Durante el proceso, indicó el juez Posse, “se vulneró la garantía contra la autoincriminación compulsiva y el secreto médico profesional, por lo que tanto la denuncia del personal médico a la guardia policial del Hospital Avellaneda, como su posterior declaración testimonial en sede judicial, constituyeron, sin lugar a dudas, un incumplimiento de su deber de confidencialidad”, lo que violentó garantías constitucionales de Belén. La joven fue denunciada a la policía por el personal del centro médico, que brindó información sobre la atención médica realizada en la guardia y le facilitó la documentación médica” e “incluso interrogó a la paciente”. Al acudir para solicitar atención médica, Belén terminó por entregar sin saber los datos que luego serían utilizados en su contra. Además, médicos y enfermeros entregaron a los investigadores datos conocidos “en ejercicio de su función” mientras atendían a Belén, lo que “implicó una clara violación a la obligación de confidencialidad profesional” y, a la vez, “violencia institucional en  contra de la joven”. Aun en la guardia, vulnerable y sola, acusada por quienes debían velar por su salud, comenzó a ver violados todos sus derechos. Posse enumera: “se la incriminó de ser autora del hecho acusándola desde un primer momento de mentir sobre su alegada ignorancia de su estado de embarazo; se le exhibió dentro de una caja el cuerpo del niño muerto como una suerte de castigo moral; se la sometió a tratamiento médico sin brindársele explicación alguna sobre la causa y alcance del mismo (…) fue absolutamente relegada de su estado de paciente, dispensándosele a partir de allí un trato directo como rea”. Por su parte, el juez Estofan disintió acerca de la violación del secreto profesional, porque, consideró, en una situación de posible comisión de delito los médicos se encuentran en un brete deontológico y pueden optar por lo que consideren el mal menor. En tanto, para Gandur no está probado que fuera el personal del hospital el que alertó a la policía acerca de un posible aborto.
  • Belén vio afectada su defensa en el juicio. Para Posse, “la defensora oficial –que representó a la joven hasta poco antes de la condena, antes de que Soledad Deza y el movimiento de mujeres conocieran el caso– también condenó ‘moralmente’ a su defendida antes de escucharla y la defendió como culpable”. El juez dejó por escrito su sorpresa por “una circunstancia nunca vista a lo largo de mi experiencia en el ejercicio profesional”, como ser que el fallo condenatorio tomara como “uno de los fundamentos de la condena a la postura estratégica de la defensa oficial”. Aquella abogada llevó adelante la defensa con argumentos que desconocieron las palabras de Belén, que siempre se proclamó inocente; en ese punto, el juez Estofan disintió y consideró que la defensa no fue defectuosa. “Mejor le hubiera valido a Belén no contar con defensa” como la que tuvo, antes que “ser defendida en las circunstancias apuntadas”, evaluó Posse, para quien, además, el tribunal no garantizó el debido proceso y la defensa en juicio de Belén.
  • Valoración arbitraria de las pruebas. En el expediente, señaló Posse, no hay elementos que acrediten la culpabilidad de Belén, y, por el contrario, “son más las dudas que las certezas” en cuanto “a la existencia del hecho y la autoría”. Las observaciones también son compartidas por Estofan y Gandur, quien, además, detalla las “inconsistencias” del fallo. Hay dudas sobre el horario en que fue hallado el feto (a las 3 según una partera; aunque según la sentencia Belén recién llegó al hospital 50 minutos después), sobre el momento del fallecimiento del feto (un informe indica que a las 3, pero “en la historia clínica se consigna que el cuerpo apareció después de las 6.45 ya sin vida”, mientras que otra prueba afirma que murió a las 8.43 y el acta de defunción certifica que ocurrió a las 8.40). Además, aun cuando la acusación indicó que Belén abortó y mató al feto en el baño, y luego regresó a la sala de espera para ser atendida por  un médico, “nadie declaró que la imputada haya manchado con sangre el piso” en ese ir y venir; tampoco nadie vio sangre en sus manos o su ropa (fue acusada de cortar el cordón y tirar el feto en un inodoro). Gandur, que –igual que sus compañeros de tribunal– condenó la falta de cotejos genéticos para establecer el vínculo biológico entre el feto y Belén “por un ‘error involuntario’ en el que pudo haberse incurrido en el hospital”, observó también inconsistencias en la autopsia: fue fechada en 2004, en lugar de en 2014; inicialmente establece que  el feto era de sexo masculino, pero luego, se refiere a “un feto sexo femenino”. Posse, en su voto, había advertido también que el expediente parecería referirse a dos fetos diferentes, porque con el correr de las fojas hasta varía la estimación de edad gestacional del feto que refiere.

Fuente: Página 12, 29/03/17

]]>
http://www.sexologaedithmartin.com.ar/caso-belen-los-argumentos-del-fallo-que-la-absolvio/4021/feed 0